Día de relax. Para descansar de nuestras dos peripecias anteriores, decidimos bajar hasta el mar y dar un largo paseo por la Marjal de Oliva, reino de las cañas olvidadas y de los mosquitos peregrinos.
Mi niña salvaje, siempre delante, revoloteaba sin parar hasta toparse con una fiera nadadora que la estaba esperando a escondidas.
A lo lejos, el Peñón de Ifach daba ganas de besos mientras el sol se despedía de un día de siesta.
El chuxín, animal parlanchín, se había vuelto explorador de pacotilla, todo un logro para dicho bicho.
Y así se acabo el día, entre cañas disfrutando de un largo atardecer.
























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