Nos fuimos de buena mañana ya que nuestro kayac particular nos esperaba a las nueve de la mañana en Las Rotes de Denia, un trayecto que hicimos con alegría y euforia.
Una vez llegados, nos vestimos con nuestro traje anti tiburón, con mascarilla (por lo del Covid) y casco.
Acto seguido, clases para el manejo del artilugio y Zimbum, todos al agua, a remar y a callar.
Mi niña acuática y Carmen, la del Picot, remaban como si no hubiera un mañana. Hay que ver el valor y la tenacidad de esas dos muchachas del mar.
Entramos en unas cuantas cuevas y hicimos snorkel en la Cova Tallada, persiguiendo pececitos entre las olas templadas del mediterráneo.
Y aquí un chuxo del mar, buceando como un delfín azul de las islas.
De nuevo el señor chuxín en plena acción subacuática. Mirad que elegancia nos trae el buen animal.
De vuelta en tierra firme, mientras unas trepaban, otros se enlazaban.
Buscamos sustento en un restaurante cerca del mar, pero nos costó un cojón de molusco encontrar plaza libre. Pero lo conseguimos, lo del restaurante, no lo del cojón. Después, dejamos el tiempo pasar en una terraza con una vista hacia el infinito, ventana de lo imposible.





























