martes, 13 de diciembre de 2011

El Cavall Bernat, febrero 2011

El Cavall Bernat, una dura y lenta ascensión hasta rozar las nubes.

No es que dicha cumbre sea muy alta y escarpada, para subir se sube sin mayor complicación. Una vez allí arriba, la vista vale su peso en oro. Cargado de este preciado tesoro, es a la vuelta que la bajada se vuelve muy dura.

Volvimos a casa remolidos pero contentos de haber compartido este gran momento de silencio casi puro.



Los caminos del valle nos sonríen. Por ellos hemos pasados y por ellos volveremos a bajar. A mitad camino de nuestra meta, los precipicios pueden dar un poco de vértigo. Pero como es mi dulcinea que se encargaba de hacer estás preciosas fotos, estaba a salvo protegido por su amor y cariño.





A lo lejos se perfila el Cavall de Bernat, nuestra meta del día. Pero antes, un poco de descanso acompañado de un buen almuerzo que no viene nada mal para los pies cansado de los peregrinos.



Por fin llegamos. Mucho viento para quedarnos y disfrutar de un largo y placentero momento de descanso. Pero besar a mi princesa en el más alto de los altares ha valido la aventura... con sus caídas incluidas.