¡El Equipo A camina a lo bestia! Sí señores, aquí los vemos de nuevo dando vueltas por la Peña Cortada, caminando como fieras montesas de las buenas.
Se llama la ruta del agua, pero agua vimos bien poco. La primera parte del camino discurre por la ombría, pero rápidamente se sube hasta el mirador… y a partir de allí es todo un espectáculo.
Enseguida nos metimos en los túneles escavados en la roca, un viaje entre sol y sombras bastante impresionante… las fotos hablan por si solas, las sonrisas también.
El Equipo A lo puede todo… o casi todo. Seguimos disfrutando de los túneles y pasadizos, con mi niña zen, reina del namaste florido abriendo el camino hasta llegar hasta el acueducto, bestia negra del señor Chuxo que, aunque lo intentase, no lo pudo cruzar.
Pero fue para bien. Mi niña campestre dio media vuelta y seguimos una ruta alternativa que nos sorprendió y nos encantó por lo divertido de su recorrido.
Esta parte nos era desconocida, y la verdad fue como cruzar un pequeño bosque encantado, con sus magníficos paisajes soleados, sus árboles encantados, sus rocas mágicas y sus cavernas misteriosas. Sí, misteriosas, porque hay que entrar en una antigua torre totalmente derrumbada, para bajar por un agujero que da hasta una caverna para poder seguir el camino correcto.
Mi niña de las flores, pétalo de mi vida, nos llevó hasta nuevos túneles recién descubiertos y restaurados, una grata sorpresa que iluminó el final de esta preciosa ruta.
Volvimos sin pena pero con gloria, demostrando una vez mas la valía del famoso Equipo A, reconocido mundialmente por sus afición a los huevos fritos y su buena compostura a la hora de andar y tirar pedos campestres (no huelen, no contaminan y te hacen sentir mejor).
¡Misión cumplida! Pronto más y mejor.


















































