miércoles, 25 de febrero de 2026

Tímido paseo por Buñol, Valencia, febrero de 2026

Tras una larga temporada de vientos interminables, sentíamos la necesidad casi urgente de regresar al monte, de pisar de nuevo la tierra húmeda y levantar la mirada al cielo abierto. Caminar entre ambos mundos, de la mano, unidos en silencio.

La ruta prometía ser larga, generosa en nuevos horizontes. Pero a mitad del sendero, la montaña nos susurró un límite: la zona quedaba protegida por la temporada de nidificación de las águilas. Aceptamos la señal y dimos media vuelta, intentando enlazar con el camino previsto. No fue posible. El regreso llegó antes de lo imaginado.

Y, sin embargo, lo esencial había ocurrido: habíamos salido de nuestro nido. El aire volvió a llenarnos de energía y la senda, aunque breve, nos recordó quiénes somos cuando caminamos juntos.

Vendrán muchas más rutas. Más largas, más altas, más luminosas. Tan luminosas como mi niña, sol eterno de estas praderas que sueño incluso cuando no las piso.