Para nuestra primera caminata en Pays Toy, decidimos emprender una ruta sencilla y circular para prepararnos cuerpo y alma.
Así que salimos, despreocupados y con ganas, de nuestro camping situado justo a la entrada de Luz-Saint-Sauveur y emprendimos nuestra caminata del día a buen ritmo. Como suele pasar por esas tierras, el verdor era extraordinariamente adictivo.
Pasamos por el pequeño pueblo de Sassis y su iglesía románica, ambos situados en la otra orilla del Gave de Gavarnie y seguimos hasta Luz, otro pueblo situado completamente en el flanco de la montaña. No nos paramos y seguimos caminando sin para hasta legar al famoso puente Napoleón.
Por fin, salimos de la carretera para seguir nuestra peregrinación por un bonito camino a flanco de montaña rodeado por una naturaleza exuberante.
Seguimos a buen paso hasta llegar a la capilla de Solferino y su famoso punto de vista, un entorno precioso embellecido por bancos diseminados con parsimonia para que sus visitantes puedan disfrutar de la vista, de la paz y de la tranquilidad.
Caminamos nuevamente por el bosque hasta entrar de nuevos en Luz-Saint-Sauveur por el antiguo lavadero del pueblo.
Cruzamos toda la ciudad y volvimos a entrar en el bosque situado en la otra orilla del gran río hasta llegar a las ruinas del castillo de Sainte-Marie-Esterre donde hicimos un breve descanso y un pequeño vuelo, el único de nuestra estancia ya que gran parte de Gavarnie es un parque protegido y prohíbido al vuelo.
Seguimos avanzando mientras el temporal se estaba cambiando de traje. Llegamos ilesos hasta la iglesía Saint-Nicolas, en la pequeña aldea de Esquére-Sère, pero no hasta su otra iglesía, la de de Saint-Jean-Baptiste ya que nos pilló la lluvia que empezó a caer con muchas ganas.
Llegamos a nuestra mobil-home felices como ranas en primavera. Comimos en nuestra pequeña terraza disfrutando de la bella vista. El fin de la tarde fue mucho más soleado así que después de una buena sesión de piscina, nos fuimos a disfrutar de la vida en el Terminus, el pequeño restaurante situado justo enfrente de la antigua estación de tren de Luz-Saint-Sauveur, donde nos olvidamos, por un largo instante, de todo el resto del mundo.



























































