No podemos ir a Saint-Jean-de-luz sin hacer nuestro paseo nocturno anual. Se tiene que hacer sí o sí. Me acuerdo muy bien de este paseo porque a la vuelta, mi Chuxinita empezó a tener un leve dolor en la pierna que, durante los días y las semanas siguientes empeoró hasta convertirse en un real problema.
Además, llegaron nubes durante nuestro paseo de vuelta y llovió gran parte de la noche, para variar. En compensación, se levantó una preciosa luna que inmortalizó mi niña. Quedan unas pocas fotos nocturnas que dan fe de nuestra pequeña escapada.
Es cierto que este año, en parte por culpa del temporal, mi Chuxinita no pudo brillar tanto como en los años anteriores. Aún así, es un “animalet” guerrero y aprovechamos aquellas jornadas de sol para dibujar un poco de alegría entre las nubes.
Como cada año, se intenta sobrevolar la famosa playa del Nido de verano de los Chuxines, la de Erromardie, evidentemente. Pero está vez, además de tener la suerte de haber tenido un poco de sol para emprender vuelo, las mareas han sido excepcionales. Nunca habíamos visto el océano con una marea tan baja, dejando al descubierto gran parte del litoral.
Visto desde el cielo, aquel acontecimiento revela toda su espectacularidad. ¡Qué tengáis un buen vuelo!
Oiartzun es un paraje que conocemos por haber hecho, hace un par de años, la famosa ruta de los Cromlechs. Pero esta vez se trataba de un nuevo itinerario que nos sorprendió bastante. Para empezar es toda bajada durante kilómetros y kilómetros. Después se sube, pero de manera tan leve que ni nos enterramos.
Así que empezamos nuestro periplo por un precioso sendero escondido en medio de un frondoso bosque que, a veces, nos ofrecía impresionantes vistas sobre los montes y las colinas contundentes. Eso sí, con nubes que no paraban de perseguirnos… pero de nuevo nos libramos por los pelos de una buena tormenta en medio del monte.
Vimos maestros de los bosques, unos grandes y otros más pequeños, pero todos encantados por nuestra presencia, un bienestar que agradecimos con creces.
Pero la bajada siguió hasta llegar a un camino todo de verde vestido que nos llenó de tan buena onda que no nos dimos cuenta de todo lo andado.
Llegamos al cruce del craneo, final de la bajada y principio de una larga caminata por el fondo del valle, pasando por la casa del Árbol del tiempo, el Riachuelo encantado y el Túnel verde.
Volvimos a subir paulatinamente por otro sendero que nos llevó hasta lo alto del flanco de otra montaña, con imponentes vistas sobre las granjas esparcidas por toda la comarca.
Llegamos al territorio de un inmenso y majestuoso pino, principio de una nueva bajada que nos llevó hasta el principio del canal de Penadegi.
Esta parte del recorrido es realmente la más espectacular y sigue durante un muy, muy largo tramo de un verde mágico y ancestral. Allí, cada paso cuenta por tres milagros.
El encantamiento de esta parte de la caminata nos sumergió de una felicidad increíble. Entre el silencio del profundo bosque y lo verde del largo camino que seguía perezosamente el canal, tuvimos un final de caminata abrumador.
Llegamos de nuevo en lo más profundo de otro valle, con sus riachuelos y sus puentecitos de madera, subiendo de nuevo por un imponente camino forestal tapizado de hojas secas, un verdadero placer para los Chuxines.
Signos misteriosos, setas escurridizas, bosques petrificados, vistas hacia el océano y presa de agua salvaje del monte fueron los últimos regalos de esta escapada bellísima. Quizás tengamos que volver para descubrir otros caminos y más tesoros.