Saint Macaire, Créon y Sainte Ferme, tres pequeños pueblos típicos de l'Entre-deux-mer.
No hay duda ninguna, el pequeño pueblo de Saint Macaire tiene una memoria histórica totalmente impregnada entre sus piedras. Allí todo te cuenta una historia, sea la que sea. En las calles, sol y sombras saludan tus pasos mientras ventanas y puertas se abren imitando el crujir de las hojas de un viejo pergamino. Murallas y secretos escondidos en profundas catacumbas, gárgolas tenebrosas, frescos iluminados y buen vino te esperan en este sorprendente viaje en el tiempo.
No hay duda ninguna, el pequeño pueblo de Saint Macaire tiene una memoria histórica totalmente impregnada entre sus piedras. Allí todo te cuenta una historia, sea la que sea. En las calles, sol y sombras saludan tus pasos mientras ventanas y puertas se abren imitando el crujir de las hojas de un viejo pergamino. Murallas y secretos escondidos en profundas catacumbas, gárgolas tenebrosas, frescos iluminados y buen vino te esperan en este sorprendente viaje en el tiempo.
El mercado de Créon es el típico que uno se puede encontrar en el Suroeste de Francia. Allí se vende de todo. Enormes quesos comparten sus olores con sutiles zapatillas de cuero, las aves de coral se venden vivas, muertas o bien asadas, hasta hay vendedores ambulantes que ofrecen cualquier tipo de especias, por muy raras que sean. Nosotros nos fuimos hasta allí en bicicleta, una hora y media entre subidas y bajadas, volviendo a casa cansados y exhaustos, aunque con la cesta bien llena.
En Sainte ferme, lo único destacable es el antiguo convento. Estricto en sus líneas, su belleza se encuentra en su patio secreto, escondido de las miradas y del viento. Pero ojo, para entrar, hay que tener buena pata, fe y constancia. Y mientras unos predican la buena palabra, otros disfrutan del frescor de su profunda iglesia.













































