viernes, 29 de octubre de 2021

Una caminata endiablada, de las grutas de Sares hasta Zugarramurdi, septiembre de 2021.

Esta nueva caminata no es nueva para nosotros, pero habíamos prometido volverla a hacer con el “Equipo J” al completo y así lo hicimos, disfrutando de una mañana soleada para deleitarse de una ruta que, por aquel entonces, nos había parecido más larga y dura. Lo cierto es que estamos en gran forma, hay que subrayarlo.




Después de dejar el sendero adoquinado que discurre cerca de los inmensos campos de pasto, nos adentramos en el gran bosque, guardián milenario de frescor eterno.




Saludamos a unos de los “Gigantes” que nos dejo el paso libre hacia las alturas, lo que hicimos muy agradecidos.





Caminamos a buen paso hasta llegar a la altura de las grutas de Zugarramurdi. Después de cruzar el riachuelo, es todo subida-subidón hasta el pueblo de las brujas.





El pueblo es precioso y si llegas fuera de temporada y entre semana, lo tienes todo para ti solo. De hecho, aprovechamos el tirón para comprarnos pacharan del bueno y licor de brujas para aguantar las largas y frías noches del invierno… tontos no somos.






Después de la cervecita en el bar del vecino de la esquina, emprendimos el camino de vuelta, con el Señor Chuxo fotografiado en plena acción ya que el buen animal siempre se queja que nadie le hace una instantánea. Lo dicho está hecho.





Hay que tener mucho cuidado, parte del camino de vuelta está embrujado y sumamente peligroso, las hadas de la locura pueden llegar a trastornar al caminante distraído.

La última parte del camino discurre en medio del paraíso de los maestros del bosque, un encantamiento perpetuo que hay que disfrutar en silencio absoluto, rezando que ninguna bellota te caiga en medio del cabezal.









Llegamos a la famosa gruta del “Jabato loco”, el sitio ideal para sustentarnos como es debido. De hecho, tengo la impresión que nos esperaban con ganas y entusiasmo, pero es posible que me equivoque.




No nos faltó de nada, la comida fue “Gargantuesca”. Comimos como tres, bebimos como cuatro, repetimos los postres, el café y los digestivos… y casi se llevaron a mi niña  bailarina con los del autobus de la fortuna. ¡Se han librado de una buena, los pobres!




No me explico lo que pasó a continuación, mi niña flor, mariposa de la pradera, se volvió más atacadora que una fiera de la sabana mientras el Bernat intentaba tapar la entrada de la gruta con una enorme roca. Nos largamos por una ventana abierta, cagando hostias y sin darnos la vuelta por si las moscas mientras la “Siñora Gracia” se meaba encima… ¡La vergüenza total!





sábado, 16 de octubre de 2021

Idas y vueltas por el Sentier du littoral, Erromardie, septiembre de 2021.

Este pequeño reportage recorre varias excursiones que hicimos durante nuestra estancia. Para decir la verdad, estamos muy acostumbrados al “Sentier du littoral” y solemos disfrutar del sendero como calentamiento o bien para irnos de compra al mercado de Saint-Jean-de-Luz.

Así que empezamos con buen pie y con ganas de caminar.




Siempre recomiendo pasar por la cruz de Archiloa, la panorámica hacia la playa de Erromardie es simplemente excepcional.



Si coges la dirección de St-Jean, se pasa cerca de la playa de “La pile d’assiette”, ahora cerrada al publico, pero justo detrás hay otra que es sencillamente mucho más salvaje y bella. Sólo hay que ver como mi niña del mar saltaba al darse cuenta de la buena vibra que proporcionan estos acantilados.












Al llegar a la entrada de “Sainte barbe”, la capilla, que lleva el mismo nombre que el promontorio anteriormente citado, es de concepción humilde pero le da un encanto especial a esta parte de la ruta. Después… es el gran espectáculo de los tres diques y de la playa de St-Jean.







Hay varias opciones para volver a Erromardie. Aquel día nos topamos con este magnífico árbol y su alfombra espinosa.





Si al final, uno decide pasar por St-Jean, no se puede perder el Puerto, la plaza Louis XIV, la casa de la Infanta y la iglesia donde se casó el Rey Sol, sin olvidarnos del mercado que por sí solo es todo un festival. Además puedes sobrevivir con muchos de los productos regionales que te dan para probar ;-)







Ciboure también es un pueblo muy bonito. Ya hemos hecho varios reportages, pero recomiendo subir por detrás del campanario, la vista hacia el puerto es sencillamente impresionante.




Ir hasta Socoa es más que aconsejable. Normalmente, no se puede pasear por el dique, pero si el mar no es muy bravo, vale la pena ir hasta el pequeño faro situado a la punta. Desde allí se pueden tomar extraordinarias panorámicas de la playa de St-Jean con la Rhune justo detrás.














Si decides irte al lado opuesto, hacia Guethary y Bidart, te encuentras con un sendero  mucho más silvestre y que no pasa por ningún pueblo.




A la altura de Guethary, hay un pequeño puerto con barcas de pesca y gente del mar muy especiales e interesantes.






Volviendo por la parte situada entre St-Jean y Ciboure, a la altura de la iglesia, hay una alternativa poco conocida que te lleva a la torre de Bordagain y su antiguo faro.







Para acabar, hay que tener en cuenta que el “Sentier du litoral” cobra todo su esplendor cuando el cielo está despejado, el agua se vuelve turquesa y el cielo de oro. Un verdadero tesoro.




Para despedirnos, un pequeño vuelo nocturno para soñar con las estrellas.