lunes, 25 de abril de 2016

En casa de Encarna, febrero de 2016

Un domingo en casa de Encarna no es un domingo cualquiera. Allí, a la hora del paseo matutino, las nubes, cuando las hay, son siempre más impresionantes que de costumbre. Están y nos recuerdan con cariño los que no están, el tiempo que pasa y el silencio que perdura.

Un domingo en casa de Encarna siempre acaba con una paella para veinte. Que estemos tres no cambia absolutamente nada. En cuanto a la picada, mejor no hablar de ella. 

Un domingo en casa de Encarna, hagamos lo que hagamos, siempre se termina con una buena siesta. Pero no cualquier siesta, una de las bien pesadas, una digna de un buen domingo compartido con amigos.












jueves, 7 de abril de 2016

San Valentin, un dulce paseo por el Saler, febrero de 2016.

Ese era nuestro día, él de nuestro amor, del cariño de cada día que pasamos juntos y de los miles de besos que nos quedan aún por darnos.

A lado de mi niña flor, los paseos son los más maravillosos del mundo, y ese día, él de los enamorados, el viento se había vuelto muy bravo, empujándonos hacia la orilla de un mar repleto de profundas nubes, recordándonos a cada paso lo bello que es la vida juntos.

Entre las olas se fue volando mi sombrero, invocando al mar donde vi por primera vez a mi dulce sirenita.

El amor suele ser justo con los que lo comparten, y aunque es difícil encontrarlo, una vez bajo su poder, la visión del mundo cambia por completo y para siempre.