Ese era nuestro día, él de nuestro amor, del cariño de cada día que pasamos juntos y de los miles de besos que nos quedan aún por darnos.
A lado de mi niña flor, los paseos son los más maravillosos del mundo, y ese día, él de los enamorados, el viento se había vuelto muy bravo, empujándonos hacia la orilla de un mar repleto de profundas nubes, recordándonos a cada paso lo bello que es la vida juntos.
Entre las olas se fue volando mi sombrero, invocando al mar donde vi por primera vez a mi dulce sirenita.
El amor suele ser justo con los que lo comparten, y aunque es difícil encontrarlo, una vez bajo su poder, la visión del mundo cambia por completo y para siempre.






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