miércoles, 18 de septiembre de 2013

Elvas, abril 2013

Elvas, sus callejuelas blancas, sus siete bastiones y sus dos fortalezas.

El día era muy nublado, demasiado para aventurarnos muy lejos de Alcazaba. Así que decidimos coger el coche y dar una vuelta a Portugal que estaba a un tiro de piedra.

De camino, vimos Elvas desde lejos ya que la ciudad fue construida encima de una colina. Decidimos pararnos para dar un paseo por sus estrechas calles blancas y almorzar alguna especialidad del terreno.




Todas las casas de la ciudad están pintadas de ocre y blanco, como si fuese un estandarte inalterable. La ciudad es apacible, con muchas huellas del pasado. La gente, muy humilde, suele ser bastante agradable y extremadamente comerciante. En cuanto a mi bella, iluminó mi paseo de sonrisas y alegría.









Hay muchos pasadizos y tiendas encantadoras, algunas de artesanía de muy alto nivel. Menos mal que no teníamos mucho dinero, mi bella lo quería comprar tooooodo. Eso sí, nos fuimos con la promesa de volver algún día, aprovechando otro viaje en Extremadura.   






miércoles, 4 de septiembre de 2013

Extremadura, abril 2013

Las bellas dehesas de alcazaba, una espectacular primavera en Extremadura.

Llovió cada día. Y cada día llovía más. Tanto que se desbordaron todos los ríos y riachuelos de la comarca, dejando el paisaje casi irreconocible. Por todas partes, flores y hierba, una alfombra verde intenso impregnando tu retina de su resplandor casi mágico.





A lo lejos, el infinito. En las verdes dehesas, encinas y alcornoques pueblan las verdes praderas de flores. Entre ellas, mi bella, disfrutando de sus tierras amadas.





En medio de la nada, un suntuoso cortejo, solemne y solitario. Cerca, curiosos habitantes del campo nos dan la bienvenida, sorprendidos al vernos cruzar sus tierras de pasto.



Arriba, en el silencio eterno, las nubes, majestuosos palacios de los cielos, escriben su sombra en el verdoso paisaje, desdibujando mensajes codificados.




La belleza no tiene precio, sobre todo cuando el espectáculo es perenne y pasajero.



En el camino, indios me atacaron, acribillándome de dardos de amor. Encantadores son los senderos cuando se comparten las emociones con la bella de tu vida.



A la vuelta, ovejas campestres contemplaban un cielo manchado de sus silenciosos pasajeros del viento. Y así nos despedimos de esta dulce y fresca vuelta en Extremadura.