martes, 29 de noviembre de 2022

Las maravillosas puestas de sol de la playa de Erromardie, septiembre de 2022.

Lo cierto es que, cuando estamos allí, en el camping de la ferme de Erromardie, que haga buen tiempo o bien que el cielo esté nublado y a punto de llover, cada día no nos perdemos el precioso anochecer que nos ofrece el litoral vasco.


Como bien sabéis, tenemos la mobil home a 20 metros de la playa, 20 metros de puro placer que disfrutamos cada noche.


O bien nos quedamos en la playa, en uno de los bancos del paseo marítimo, en el Bar du Mata o bien tomando un último aperitivo en la Guinguette. Estemos donde estemos, el espectáculo es digno de ser visto y apreciado.


Os ofrecemos una serie de preciosos recuerdos para iluminar todo el resto del año. En cuanto a nosotros, esperamos con ganas volver a nuestro Nido de verano.




























miércoles, 23 de noviembre de 2022

Grandes caminatas: la Peña de Aia y la cascada de Aitzondo, Irún, Guipuzkoa, septiembre de 2022.

Sabíamos que iba a ser una ruta muy larga, así que llegamos temprano aparcando justo en frente de la sidrería Ola, más famosa que el gato pardo y de la madre que lo parió, y emprendimos nuestra ruta con el pie ágil y la mente abierta.


Nos paramos en los antiguos Hornos de Irugurutzeta, testigo de otros tiempos, cuando el bosque sólo servía para proveer materia prima a los hombres. Ahora es el bosque que se ha apoderado del destino de los antiguos hornos, moldeando el entorno a su libre albedrío.







El principio de la caminata discurre por una de las partes más húmedas del gran bosque, verdadero reinado de los hongos, setas además de su cortejo de musgo salvaje. Mi bella niña caminadora abría el camino a buen paso, buscando el calor de los rayos del sol tamizados por el espeso follaje de los árboles.










Pasando las zonas de pasto, escogimos la ruta de los túneles, la más bella e impactante de todas. Es desde allí que pudimos vislumbrar la cascada de Aitzondo en todo su esplendor.



Aquí nos topamos de nuevo con uno de los animales fantásticos fotografiado por mi niña aventurera. Este nos dejo pasar, pero no nos entretuvimos mucho por si las moscas.


Llegamos a los famosos túneles de Meazuri, que son cinco en total, y que hay que cruzar a paso firme y mirada alerta. Lo cierto es que es un tramo realmente sorprendente y bastante generoso, un paseo entre luz y tinieblas con panorámicas inolvidables.













Después bajamos para adentrarnos realmente en las profundidades del inmenso y silencioso bosque, cruzando riachuelos, pasando por tramos derrumbados y a veces un poco resbaladizos, hasta llegar a una grandiosa avenida forestal rebosante de buena energía silvestre.












Aquí nos topamos de nuevo con uno de los animales fantásticos fotografiado por mi niña de los bosque. Este tenía tan mal genio que tuvimos que pasar lo más sigilosamente posible para no despertar su atención.


Seguimos a buen paso hasta llegar al final de la primera parte de nuestra caminata. Cruzamos el puente de los susurros hasta llegar a las ruinas del castillo del Inglés. Es un emplazamiento impresionante, con una fuerza silvestre descomunal. No queda nada de las ruinas ni del inglés, que sólo Dios sabe qué cojones hacía aquel loco viviendo perdido en medio de las profundidades del bosque. Bueno, era inglés…











Por fin, después de horas de caminata, llegamos a vislumbrar las primeras vistas de la bahía de Txingudi. Tras nosotros, las Tres Coronas estaban debajo de las nubes mientras que la costa estaba totalmente soleada, tanto que pudimos vislumbrar San Sebastián a los lejos.




Lo cierto es que a partir de entonces, casi todo fue una bajada interminable, pasando por zonas boscosas y otras totalmente despejadas, con mi niña saltarina siempre al tanto del camino correcto.














Hubo un precioso descenso con barandilla, siguiendo un majestuoso sendero que pasaba por oscuras bocaminas que se parecían a unas entradas del mismísimo averno.










Llegamos a buen paso hasta la sidrería Ola donde probamos productos típicos del terreno. Cabe decir que las croquetas son la reostia de buenas. Nos lo pasamos tan bien que decidimos volver a comer allí el último día de nuestras vacaciones para así cerrar dignamente nuestro gran recorrido por tierras vascas.