jueves, 10 de noviembre de 2022

La ruta de los Cromlechs, Peña de Ayas, Baztan, Navarra, septiembre de 2022.

Nos levantamos al mismo tiempo que el sol, disfrutando de un buen desayuno a la fresca. Aquél día teníamos previsto una larga ruta en el Baztan, la famosa ruta de los Cromlechs, y había que irnos con la mente bien preparada para disfrutar de una larga  y templada caminata.



Una vez en nuestro destino, llegamos a un albergue de cazadores con un amplio parking, lo ideal para dejar el coche sin más preocupaciones, salvo el de los perdigones. Al principio, el camino es muy fácil de seguir, sólo hay que subir siguiendo un camino forestal que sigue la alineación de las antiguas casitas de cazadores.



En menos de media hora de camino, la vista hacia el océano y el final de la cadena de los Pirineos es bastante impresionante. Lo cierto es que vimos muchos caballos, así que es importante tener un mínimo de educación animalesca para cruzar su territorio sin entorpecer sus costumbres ancestrales.




Es una ruta con vistas bastantes impresionante, y esto durante todo el camino. Está claro que son tierras de pastos y de grandes arboladas, lo que crea un cambio constante que es realmente muy agradable para la vista y el alma.






¡Cuidado! Aquí tenemos a uno de los animales mitológicos fotografiados por mi bella niña flor, reina de las mariposas.


La parte del camino que cruza los bosques te da el frescor necesario para alternar con las partes a pleno sol, pero aquel día la brisa venía fresca y no sufrimos de ninguna acalorada durante todo nuestro recorrido.




Hay que saber que allí nunca estás solo, siempre hay un vigilante observándote, estés donde estés.


Justo antes de llegar a una yeguada de caballos que nos observaban con curiosidad, nos topamos con nuestro primer Cromlech, unas alineaciones de piedras apartadas del camino y que pudimos disfrutar desde las alturas gracias a un pequeño vuelo sencillo.




A continuación, subimos a muy buen paso hasta la Peña de Ayas, saludando a uno de los guardianes del monte, un majestuoso árbol que nos proporcionó sombra y un poquito de descanso.



Después el camino sigue la cresta de los montes, pasando de un collado hasta otro sin muchas complicaciones, disfrutando de una amplia panorámica ensordecedora.






La bajada es muy leve, cruzando varias yeguadas de caballos bastantes pacíficos, hasta llegar hasta la carretera que seguimos durante un pequeño trecho.





Al llegar a un coral de caballos, nos desviamos hacia un precioso bosque que la naturaleza había pintado de blanco, un lugar precioso donde el silencio es más que acogedor. Hay sitios que tienen alma, y este era uno de ellos. Nos quedamos un buen rato buscando los Cromlechs bastante bien escondidos en sus recovecos.











Al salir del bosque mágico, hay un impresionante Cromlech que domina gran parte del territorio. Allí volamos, saltamos y hicimos un poco de relajación contemplativa para agradecer a los invisibles de tan bonitos momentos de belleza.





¡Cuidado! Aquí tenemos a otro de los animales mitológicos fotografiados por mi bella niña saltarina, reina de la abejas perfumadas.


La ruta aún no había terminado ya que seguimos un largo camino forestal protegido por grandes árboles y una multitud de pájaros cuyos silbidos nos acompañaron durante gran parte del descenso.




Pasamos cerca de otras yeguadas de caballos, escondidos y un poco más recelosos de su intimidad.




Más lejos, el suelo del camino se transformó y un abrigo de miles de castañas, un pavimento natural muy apreciado por mi pequeño fakir, gran especialista de los marrones y castañetas.





No pinchamos rueda de milagro, por lo menos llegamos sanos y salvos hasta el pequeño puente de los gnomos, cruzando un río de aguas verdes y con resplandor a esmeralda.











Después del cruce de las aguas, nos juntamos de nuevo con un camino de castañas, preludio de la entrada al paraíso de los puercos espines.




El final de la ruta sigue por un camino forestal que cruza un frondoso bosque con gigantes desafiando el espacio y el tiempo. Impresionados por su presencia, seguimos a buen paso hasta llegar a nuestro punto de partida, en plena forma y con las ganas de una buena comida en casa y de un buen baño en la piscina climatizada de nuestro camping preferido, el de la “Ferme de Erromardie”, Nido de verano de los chuxines.








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