miércoles, 28 de diciembre de 2022

Una tarde en Hondarribia, Guipúzcoa, septiembre de 2022.

Lo cierto es que no habíamos previsto irnos a comer a Hondarribia, así que nos fuimos de refilón a pasar uno de nuestros últimos días de vacaciones por tierras vascas en uno de los pueblos preferidos de mi bella niña de las flores.


Como el señor Chuxo lo hace siempre todo al revés, aparcó el coche en un especie de parking en las inmediaciones del pueblo, lo que nos llevó a descubrir el casco antiguo de la ciudad, una maravilla que nos dejo alucinados.


Primero hay que pedir el permiso de entrada al guardián barbudo, lo que hizo el Chuxo con la gracia que le corresponde.





Una vez franqueado la puerta de la gran muralla, el esplendor de las calles de un antiguo pueblo militar nos sorprendió por completo.




Tardamos un buen rato para llegar hasta el Itsaspe, el restaurante donde nos fuimos a comer el año anterior que el tío Phil y que nos había dejado buen sabor de boca. Os recomendamos pedir raciones, que vais a flipar en colores apocalípticos.





Parece mentira, pero el señor Chuxo se lo comió todo, incluso el postre, sin olvidarnos del café y del digestivo del terreno que lo dejo más contento que una ostra frita.






A continuación nos volvimos hasta el casco antiguo para hacernos una mejor idea de lo que habíamos vislumbrado durante el camino de ida. Y la verdad, la vuelta fue igual de sorprendente que la ida. 












Aquí tenemos al señor Chuxo en pleno trabajo. Notad la elegancia natural de este fotógrafo nato de pelo raso. ¡Increíble!





Lo cierto es que no sé que le paso a mi niña de los montes durante todas las vacaciones. No paró de saltar y resaltar sin parar. De hecho, ahora mismo sigue resaltando más que saltando.




Aquí tenemos al señor Chuxo admirando uno de los edificios más antiguo de esta antigua fortaleza. Que no os engañe, el buen hombre sólo fue allí para ver si se podía beber algo bueno de la botella gigante del fondo.




En cuanto a mi niña mariposa de alitas azuladas, ¡mirad que fotacazos le hizo el bueno del Chuxo!







Para acabar, la última foto del día fue la primera cosa que vimos al llegar. Esta diminuta torre de vigilancia es una especie de faro para recordar a los chuxines que, la próxima vez que vengan, la entrada está por aquí, y que toda la ciudad les espera para ofrecerles más maravillas.



Por la noche, cena de despedida muy emotiva en el Nido de verano, con toda la cofradía reunida en la gran terraza de nuestro palacio de Erromardie. Brillaron las estrellas y parte de nuestros corazones se han quedado allí hasta que volvamos. Hoy, mientras escribo estas lineas, acabo de tener la mala noticia que mi mejor amigo Xabi acaba de fallecer. El canto que escuchamos en este video es su ultimo adiós, se ha ido más allá de los océanos, donde la amistad perdura para siempre. Lo echaré de menos hasta mi último día.

martes, 20 de diciembre de 2022

Un paseo matutino por Amaiur, valle del Baztan, Navarra, septiembre de 2022.

El plan del día era muy simple, visitar la pequeña aldea de Amaiur y emprender una larga ruta circular por los montes circundantes.


Pero cambiamos la idea inicial y nos quedamos tranquilos, disfrutando plenamente de este maravilloso pueblo Navarro.


La entrada es preciosa, con su cruz que predomina el cielo y la puerta santificada que da la entrada al pueblo.




Como era muy temprano, no había ni alma viva en las calles y pudimos dar una buena vuelta bajo el sutil zumbido de las abejas montesas.







Hay que tener cuidado porque el lavadero del pueblo esta custodiado por dos vacas muy curiosas y es mejor dejarles algo de propina, lo digo por si las moscas.






El pueblo es muy chiquitín, pero cada casa tiene su historia y la visita vale con creces la pena.





Fuimos a visitar las ruinas del castillo, y aunque fue arrasado por completo y no queda casi nada en pie, saber un poco de historia nunca ha sido perjudicial para el alma.


Al salir del pueblo, nos despedimos de la Virgen y seguimos caminando hasta la iglesia con sus tumbas encastradas en la entrada y las vacas paciendo por los alrededores.








Para acabar con la mañana, nuestras sombras se enlazaron con un dulce beso campestre, dando un punto final a la vista y a la mañana.