miércoles, 9 de febrero de 2011

La Murta, junio 2010

La Murta, camino hacia el castillo de la princesa misteriosa.

Cada castillo tiene su princesa. En el mío reside mi bella dulcinea, la amada de mi corazón cuyos cantos despiertan amor, fe y cariño.

Pero el camino hacía sus puertas mágicas no es fácil de descubrir. Para elegir el sendero correcto, sólo hace falta seguir el fino hilo de los mil encantos.



El bosque se pierde hacia el final del horizonte.

Mis pasos me han llevado hacia lugares desconocidos. Perdido, busco mi camino.

Veo a una princesa...

Veo una piña...

Y veo el castillo olvidado, el hogar de toda mi vida, perdido durante un sueño de lo más profundo.

Mi bella dulcinea me invita a seguir sus pasos.

¡Uf! Es que esta doncella va muy rápido.

¡Ahí se escapa!

Se va subiendo como una mariposa.

¡Vaya princesa más saltadora! ¡La he perdido de nuevo!

¡Ahora ha vuelto! ¡Rápido, rápido, que se va la niña!

Hay que estar en gran forma para seguir el ritmo trepidante de esta abeja de las flores.

Refunfuña en su barbilla porque voy perdido del corazón.

Pero me espera. Porque la quiero, porque me quiere, porque este sueño es el hogar de nuestro cariño.