Como despedida.
Para acabar esta excursión fotográfica de un verano de diluvio, aquí tenemos un apunte de mi amigo Alex Orbe, concluyendo este agenda húmeda con una nota de papel reseco.


Esquina de los suspiros perdidos. En busca de un poco de sol, levanté la cabeza para ver que ya no había cielo ninguno.
Casa del pingüino amoroso. Cada noches, el animal deambula en los pasillos de su gran mansión como un autómata noctámbulo.
Antiguo callejón de los pescadores olvidados, desaparecidos en alta mar en busca de sirenas de promesas eternas.
Desde el balcón de la casa, la vista no parece haberse petrificado durante las desceñías de mi ausencia. La iglesia donde se casó Louis XIV predomina todavía la pequeña ciudad vasca.