miércoles, 28 de noviembre de 2018

Un largo paseo por en Saint Jean de Luz, Ciboure et Socoa, País vasco francés, septiembre de 2018.

Llegamos con entusiasmo a Sainte Barbe para admirar la bahía de Saint Jean de luz custodiada por sus tres famosos e intemporales diques: Sainte Barbe, l’Arta y Socoa.

En el paseo marítimo, disfrutamos de una concentración de coches antiguos. A los dos nos gustó un cochazo rojo porque nos recordaba momentos de nuestra tierna infancia, cuando el tiempo era distinto y distinguido.






En cuanto a la bahía, siempre es un placer volver a admirarla en todo su esplendor. Nunca me cansaré de ella, es una imagen que tengo en el corazón para siempre.



Llegamos hasta la entrada del puerto de Saint Jean de luz y dimos la gran vuelta para pasar por encima de la Nivelle y pasear tranquilamente por las calles de Ciboure, muy poco transitadas a estas horas de la mañana.




Entramos en la preciosa iglesia de estilo Vasco, muy típica con sus balcones reservados para hombres y mujeres, y seguimos caminando por el paseo que nos llevó hasta el fuerte de Socoa.









Valientes, nos fuimos hasta el final del dique para admirar de nuevo la bahía, pero visto desde una posición diametralmente opuesta: otra maravilla que no hay que perderse. Más allá, la Rhune, custodiada por su corte de nubes viajeras.







Seguimos caminando hasta la Corniche, descansando en un banco olvidado para después volver paseando tranquilamente hasta Saint Jean de luz.






Al final del día, volvimos para un último paseo por la playa, disfrutando de un maravilloso anochecer que iluminó nuestros corazones. Amar a mi bella sirenita cerca de la orilla de mi mundo es un regalo que no tiene precio. Y cuando sus besos saben a mar, mi vida se derrite entre sus dulces brazos.











Llegamos a casa de Eve, Phil y Petit Pierre antes del toque de queda. Disfrutamos de una buena cena, de las que nos gusta compartir en familia.



Nos quedamos un buen rato charlando. Después, para acabar el día, nuevo paseo marítimo bajo el tenue resplandor de una luna fantasiosa. Luego: la noche, repletos de sueños, caricias y oleaje.



lunes, 19 de noviembre de 2018

Le sentier du litoral, Saint Jean de luz hasta Guethary, septiembre de 2018.

Este pequeño reportaje es el resultado de varias excursiones a lo largo del litoral vasco, un camino que conocemos muy bien por haberlo disfrutado incontables veces. 

Pero el sendero es tan bello que cada vez que volvemos por mis tierras, no podemos evitar frenar nuestras ganas de volver a descubrirlo una vez más.

Justamente aquella mañana, el tiempo era muy nublado y la marea extraordinariamente baja, el océano nos dejaba entrever parte de su exquisita intimidad.





Llegamos hasta la “Pile d’Assiete”, que ya no está desde hace décadas, pare seguir adelante y dar una vuelta por Saint Jean de luz… para después volver a Erromardie por el mismo camino y bajo un sol resplandeciente.








Por la noche, no existe nada mejor que disfrutar de una copa de vino blanco al lado de tu dulcinea, admirando juntos el sol despidiéndose del día, del horizonte y de las estrellas nacientes.






Otro día, emprendimos de nuevo el camino en dirección de Guethary, para variar los sabores de la brisa.










Aunque había muchos menos turistas que en la temporada alta, mi bella niña flor hizo amistad con un chuxín muy caminador.



Vimos como el océano se iba descubriendo poco a poco, dejando castillos de rocas poblados por armadas de cangrejos celosos de sus escondites templarios.






Volvimos a disfrutar de un nuevo atardecer silencioso, una apoteosis de colores y sentidos estremecedores, nuestro regalo da cada días en la costa.