viernes, 2 de noviembre de 2018

Un día en Bilbao, septiembre de 2018.

Si se pretende irse de paseo un día entero, el secreto está en tomarse un buen desayunar como Dios manda. Y eso es lo que hicimos, disfrutando del asunto con toda la seriedad que se merecía. Después… a caminar cruzando la ciudad de arriba hasta abajo sin piedad alguna.


Seguimos el río, aprovechándonos de los rayos del sol para adentrarnos en el casco viejo de la ciudad, antro de los Heavy’s y templo del Metal, tomando pinchos y probando Chacolí en la Plaza nueva, entre muchas otras.












Después visita obligatoria en el Guggenheim, otro templo con estilo y música distinta.
















¿Después? Más paseos, refugiándonos de las inclemencias del cielo en una típica tasca basca o bien rezando la vuelta del sol en las callejuelas carentes de turistas.






Para acabar nuestra peregrinación de manera entretenida, nuevo paseo nocturno para descubrir la ciudad bajo otro color, con mi niña consiguiendo su precioso amuleto de la suerte, misterioso artilugio como pocos se han visto en el mundo conocido.








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