martes, 25 de mayo de 2021

Una historia de saltos, Chella y Montesa, abril de 2021.

La ruta empieza a la salida del pueblo de Chella, tras el campo de futbol y del pequeño bar que hace esquina y que suele preparar unos “cremaets” de lujo.

Hoy, el equipo Alfa está constituido por Gracia y Bernat, La Picoti, la niña flor y su fiel Señor Chuxo, animal de pelo raso ademas de fotógrafo oficial.


Después de salir de las cercanías del pueblo, el sendero discurre cerca de una preciosa acequia que le da el toque poético a todo el entorno que parece salir de un cuento fantástico. 







Luego de saludar a los Señores de los bosques llegamos a la entrada del barranco del Abrullador y su misteriosa fuente. Parece que se puede seguir le sendero que discurre cerca del barranco, pero hoy no era nuestro destino principal.




El camino de vuelta hacia Chella discurre por un camino forestal que pasa cerca de maravillosos campos de amapolas, un entorno mágico donde mi niña mariposa suele encontrarse en su elemento natural.


Más adelante, se rodea el pueblo para subir hasta los miradores donde se pueden contemplar los famosos Saltos de Chella, una panorámica realmente espectacular, sobre todo desde que el Señor Chuxo domina su Dron volador como un profesional de tercera clase, la menos peluda pero la más interesante.






A continuación, y para no perder el norte, nos fuimos a Montesa, al restaurante “El Ramallar”, uno de nuestros puntos de reunión favoritos y donde se come carne y embutidos a la brasa de lujo total mientras uno sabe guardar la cordura.




Acabamos con unas pruebas de vuelo encima del castillo y con una sesión de saltos luminosos que  ha acabado con la caída de mi niña saltamontes. Aunque no hubo daños colaterales muy serios, a partir de ahora mi princesita tiene más cuidado a lo hora de saltar sin ton ni son.


sábado, 1 de mayo de 2021

La vuelta de los valientes, Jérica, abril de 2021.

Como nos suele pasar últimamente, la partida de la ruta empezaba en medio del pueblo de Jérica, un enclave precioso dominado por un majestuoso campanario y por unas antiguas ruinas de un castillo derruido que predomina el pequeño valle que yace a sus pies.

Seguimos tranquilamente un sendero forestal que nos llevó hasta la pendiente opuesta al pueblo y desde la cual se puede disfrutar de una larga panorámica bastante impresionante.






Evidentemente, nadie puede subir más alto que mi niña mariposa, que trepó muy alto para disfrutar del paisaje circundante.






Una vez rodeado el monte que pasa cerca de Viber, cruzamos un espléndido bosque de pinos que nos llevó hasta un asentamiento de antiguas trincheras de la Guerra civil muy bien conservadas… sólo nos faltaba el cabo para darnos las últimas órdenes de la mañana.








Las trincheras se deslizan sobre unos cuantos kilómetros y debía de ser un emplazamiento estratégico de aquella contienda que cambió la historia de España profundamente.




Una vez de vuelta a Jérica, nos dimos un paseo por el laberinto de sus callejuelas hasta llegar al restaurante donde pensábamos llenarnos la panza como era debido.







Nos fuimos al restaurante “Randurias” que nos habían recomendado. Nos sirvieron un vino, “Viento sobre la piel”, que no estaba nada malo, pero no sé si fue el viento que nos dejo decepcionados por el menú, sin hablar del sablazo que tuvo difícil digestión.



Después, para olvidarnos de nuestros males, nos fuimos a disfrutar de las encantadoras orillas del río Palancia y de sus hermosas cascadas, un recorrido muy agradable donde el señor Chuxo, que de paso no aparece en ninguna foto, disfrutó con su dron ya que el buen hombre empieza a dominar cada vez mejor su artilugio volador.




Para acabar, nos fuimos hasta el campanario donde la brisa del polo norte nos congeló de pies a cabeza sin piedad alguna. No nos detuvimos y seguimos subiendo hasta las ruinas donde el clima era mucho más agradable y donde la majestuosidad del lugar nos hizo volar hasta las nubes.