La ruta empieza a la salida del pueblo de Chella, tras el campo de futbol y del pequeño bar que hace esquina y que suele preparar unos “cremaets” de lujo.
Hoy, el equipo Alfa está constituido por Gracia y Bernat, La Picoti, la niña flor y su fiel Señor Chuxo, animal de pelo raso ademas de fotógrafo oficial.
Después de salir de las cercanías del pueblo, el sendero discurre cerca de una preciosa acequia que le da el toque poético a todo el entorno que parece salir de un cuento fantástico.
Luego de saludar a los Señores de los bosques llegamos a la entrada del barranco del Abrullador y su misteriosa fuente. Parece que se puede seguir le sendero que discurre cerca del barranco, pero hoy no era nuestro destino principal.
El camino de vuelta hacia Chella discurre por un camino forestal que pasa cerca de maravillosos campos de amapolas, un entorno mágico donde mi niña mariposa suele encontrarse en su elemento natural.
Más adelante, se rodea el pueblo para subir hasta los miradores donde se pueden contemplar los famosos Saltos de Chella, una panorámica realmente espectacular, sobre todo desde que el Señor Chuxo domina su Dron volador como un profesional de tercera clase, la menos peluda pero la más interesante.
A continuación, y para no perder el norte, nos fuimos a Montesa, al restaurante “El Ramallar”, uno de nuestros puntos de reunión favoritos y donde se come carne y embutidos a la brasa de lujo total mientras uno sabe guardar la cordura.
Acabamos con unas pruebas de vuelo encima del castillo y con una sesión de saltos luminosos que ha acabado con la caída de mi niña saltamontes. Aunque no hubo daños colaterales muy serios, a partir de ahora mi princesita tiene más cuidado a lo hora de saltar sin ton ni son.
























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