martes, 24 de mayo de 2022

Los tesoros escondidos de la Sierra de Mariola, mayo de 2022.

Es con muchas ganas que emprendimos esta nueva ruta que mi niña flor tenía ganas de descubrir desde hacía mucho tiempo. Lo que no sabíamos era que nuestro camino iba a ser sembrado por tantas bellezas.


El espectáculo empezó apenas salir de Alfafara, un pequeño pueblo rodeado por majestuosos campos de olivos que abrían el camino hasta el Manantial Cova de la font, un oasis escondido al abrigo del sol y donde las sombras iluminan hasta los árboles que la rodean.






Después, el camino se volvió mucho más agreste y seguimos caminando a buen paso hasta llegar a las Fuentes de Moli Mato. Hay que tener curiosidad porque hay mucho más que un salto de agua, y al caminante perseverante se la abrirá el corazón al descubrir estos tesoros escondidos.





















Mi bella niña mariposa se tomo el tiempo para compartir conmigo estos luminosos momentos en medio de un bosque realmente encantado y que no tuvo recelo en abrirnos las puertas de unos de sus secretos más preciados.






Después, la subida hacia las cimas no fue una historia para principiantes, pero si se sigue el cuchicheo del riachuelo, uno se puede sorprender con unas cuantas maravillas más.








Pero hay que seguir subiendo hasta merecer llegar hasta las alturas donde nos recibió una agradable planicie, el lugar ideal para recobrar fuerzas y emprender un primer vuelo de reconocimiento.











Después seguimos subiendo hasta llegar a una de las cuevas más impresionante de toda la sierra, la Bolumini y su enorme boca abierta  hacia el infinito.







Vale la pena hacer un buen descanso al frescor de sus altas paredes y disfrutar de la belleza del horizonte visto desde las entrañas de la montaña.




Acto seguido subimos encima de la cueva para emprender un nuevo vuelo y disfrutar de esta obra maestra natural vista desde la altura de las nubes.




El camino que sigue es mucho más rudo y empinado, salvaje y complejo de seguir, pero sus vistas valen con creces el esfuerzo.







Pasamos por la puerta del Gran Guardián de Piedra que nos invitó con un soplo de viento a seguir nuestro camino.





Cruzamos varios pozos de nieve muy antiguos, gigantescas ruinas que sobrevivieron al paso del tiempo, misteriosos y profundos pozos cuya proximidad puede ser un tanto peligrosa.




Seguimos caminando sin tregua por el Alt de la Cava y sus impresionantes panorámicas, bajando y subiendo hasta llegar a la famosa Cava de Don Miguel, unas impresionantes ruinas cuya presencia no puede más que impresionar al caminante exhausto.

















Después, es todo bajada hasta llegar a las grandes praderas de flores que siembran el fondo del valle, y cuya joya es la Font del Mas del Arbre, un lugar repleto de silencio y de tranquilidad placentera.









Seguimos nuestra excursión por un amplio camino forestal hasta volver a retomar senderos más salvajes, muchos de ellos medio inundados por las lluvias de las semanas anteriores, que nos llevaron poco a poco hacia nuestro punto de partida.











La Ermita de Sant Crist anuncia el final de la odisea, una bonita manera de despedirnos del gran bosque.


Callejeamos muy poco por Alfafara ya que las horas de camino en medio de la naturaleza nos habían quitado las ganas de seguir explorando este pequeño pueblo.




No obstante, apenas de vuelta a Sollana, no pudimos resistir la tentación de unas tapas acompañadas por unas cuantas cervezas bien frescas, lo ideal para abrir el apetito además de despertar las sonrisas.