martes, 27 de marzo de 2018

El Palacio de Dueñas, Sevilla, noviembre de 2017.

Descubrimos por casualidad El Palacio de Dueñas, y como nos quedaba aún un poco de tiempo antes de irnos volando, decidimos entrar y hacer una pequeña visita del lugar.

Lo primero que impone son los jardines. Porque hay varios, escondidos en el laberinto que constituye la casa.





Entre deidades, mi bella de las flores, tesoro de mi jardín secreto y cuidadora de mi amor.







Después de los jardines, los patios, que también los hay donde menos te lo esperas.



En cuanto a la casa en sí, su magnificencia deslumbra al visitante curioso de los detalles.







Al salir, nos topamos con un artista acompañado de su animal de compañía.




Volvimos hasta el hotel para coger las maletas cagando leches, cruzando media cuidad como una flecha embrujada por un Makamaka africano.


Un paseo desde nuestro hotel en la Alameda de los Hércules hasta la Iglesia de la Macarena, Sevilla, noviembre 2007.

Era nuestro último día, el avión se iba al principio de la tarde, pero teníamos el tiempo justo de dar un paseo por otro barrio de Sevilla que aún no habíamos visitado.

En cuanto al hotel, de nuevo una muy buena elección de mi bella niña.





Caminamos tranquilamente hasta la  Iglesia de la Macarena donde vimos la Santa de las Santas, en su trono de oro y resplandeciente de mil fuegos.





Salimos deslumbrados, paseando al lado de lo que queda de la antigua muralla y llegando delante de unas de las numerosas iglesias sembradas por toda la ciudad, legado del buen Señor de las nubes.






miércoles, 21 de marzo de 2018

Noche de locura en el bar del Fali, Sevilla, noviembre de 2017.

Deambulamos por la ciudad con la intención de perdernos de una vez por todas. Tomamos un Gyn Tonic en algún pub para turistas y nos adentramos aún más en el corazón de la ciudad hasta oír una suave melodía de guitarra.

El bar era chiquitín, no especialmente muy acogedor a primera vista, pero entramos para tomarnos algún que otro Rebujito con la idea de recobrar fuerzas y ánimo.

Salimos de este imprescindible antro 6 horas más tarde, bien frescos, con la sangre bailando Sevillanas al ritmo del Fali, nuestro anfitrión y maestro de ceremonia. Sin duda el mejor recuerdo de estas mini vacaciones invernales.







Navegando por el Guadalquivir y comiendo en el Mercado de Triana, Sevilla, noviembre de 2017.

Después de nuestro largo paseo por el Parque de María Luisa y al volver hacia el centro de la ciudad por el paseo marítimo, decidimos dar una vueltecita en barco.

Bueno… no os lo recomiendo ya que las orillas del río no son propensas para ofrecer un gran espectáculo, pero navegando con mi Sirenita de pétalos floridos es toda una experiencia. 

Vimos tortugas y galeones, ambos sin oro ni tesoros.









Después, buscando una cervecería por el barrio de Triana, nos topamos con una iglesia roja con un amontonamiento de creyentes cantando coros en la calle. No sé si querían sacar a la Santa del templo o bien rendir homenaje a su santificada virginidad, pero canturreaban con un fervor incombustible, los muy devotos.




Encontramos sin querer el mercado de Triana medio escondido bajo tierra y decidimos quedarnos allí para picar algo ya que el tema pintaba bien rico.
















Evidentemente, nos pusimos como el Kiko, con el Chuxín del revés haciendo el animal.





En cuanto al pulpo, su feliz recuerdo me alegrará el corazón hasta el final de los tiempos.