jueves, 8 de marzo de 2018

Sevilla la bella, el barrio de Santa Cruz, noviembre de 2017.

Una vez acabadas las visitas, buscamos un sitio para comer, pero algo tranquilo y alejado de la muchedumbre de turistas, para poder disfrutar de la tranquilidad de una comida entre enamorados.




Encontramos un pequeño restaurante escondido llamado “El librero”, un sitio encantador, con pocas mesas colocadas entre pilas y estanterías de libros… y donde la carta de tapas nos maravilló el paladar.




Sin tregua, seguimos paseando por las infinitas callejuelas del barrio de  Santa Cruz, un maravilloso laberinto de colores y perfumado con efluvios de caramelo con sabor a beso olvidado.





Todas las plazas, patios y jardines son unos verdaderos remansos de paz, floridos y alegres, invitándote al descanso y al ensueño.










Dimos vueltas y vueltas hasta que el sol, cansado de vernos dar tantos rodeos, decidió irse a descansar, dejándonos a oscuras y en busca de un poco de calor. 



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