martes, 27 de septiembre de 2016

Un paseo por la Albufera, el Palmar, junio de 2016.

Ofrecieron a mi niña flor un paseo por la Albufera sin saber que habían invitado a una sirenita de dulces aguas. El día invitaba a las ensoñaciones y a la poesía, preludio de las bellezas invisible.




Todos los invitados subieron en la gran barca que se alejo rápidamente de las orillas que, poco a poco, se desvanecieron, transformándose en un horizonte incierto donde cielo y olas se confunden eternamente.






Al volver cerca de la orilla, salieron volando muchas aves para escapar de las furtivas miradas de los recién llegados.





En los canales, las olas suelen ser mucho más templadas, invitando al viajero a disfrutar de la belleza del silencio.



El punto final de la excursión era el viejo molino arrocero, ilustre edificio metamorfoseado en hostal para patos paticortos.








viernes, 23 de septiembre de 2016

La ruta de los 8 pueblos, Vall de la Gallinera, abril de 2016.

Ya en el primer pueblo, Javi estaba cansado… aún así, el increíble espectáculo de los almendros en flor multiplicaba nuestras ganas de cruzar estos campos de nubes floridas.

En primera fila, abriendo el camino, nuestras dos flores. Luego venían Kri y Nico seguido más allá por Javi, discurriendo con el entorno.






Después del primer pueblo, el segundo… y así sucesivamente. Os recuerdo que en total hay 8, pero creo que no es el número de la suerte del “Javi de la selva”, beato como no los hay.






Caminamos cruzando pozas, lavaderos, riachuelos, canales y acequias… y lo más increíble de todo es que Javi no se calló en ninguna.






La más bonito de la pequeña excursión eran sin duda las flores, tanto las de los árboles como la de las caminantes de la vida.





También vimos ranas, dueñas de paraísos imaginarios, según Javi.




Cruzamos más pueblos, con sus respectivas iglesias y santurrones. 






En cuanto a mi dulce sirenita, todos la seguíamos cantando… ella siempre te lleva donde hay agua y vida para refrescarte.











Entre reflejos y espejismos, seguíamos avanzando sin tregua aunque con encanto.






Por fin, llegamos al último pueblo, el de la resurrección y de la milagrosa fuente que nos dio alas para el camino de vuelta… salvo a Javi que se quedó de repente sin piernas como el Rambo de la película.











Se hicieron fotos de las flores, saludamos a las nubes y emprendimos el camino de vuelta. ¡Si, señor Javi, son de nuevo 8 pueblos por cruzar, todos con sus respectivos campanarios y santurrones!