Ya en el primer pueblo, Javi estaba cansado… aún así, el increíble espectáculo de los almendros en flor multiplicaba nuestras ganas de cruzar estos campos de nubes floridas.
En primera fila, abriendo el camino, nuestras dos flores. Luego venían Kri y Nico seguido más allá por Javi, discurriendo con el entorno.
Después del primer pueblo, el segundo… y así sucesivamente. Os recuerdo que en total hay 8, pero creo que no es el número de la suerte del “Javi de la selva”, beato como no los hay.
Caminamos cruzando pozas, lavaderos, riachuelos, canales y acequias… y lo más increíble de todo es que Javi no se calló en ninguna.
La más bonito de la pequeña excursión eran sin duda las flores, tanto las de los árboles como la de las caminantes de la vida.
También vimos ranas, dueñas de paraísos imaginarios, según Javi.
Cruzamos más pueblos, con sus respectivas iglesias y santurrones.
En cuanto a mi dulce sirenita, todos la seguíamos cantando… ella siempre te lleva donde hay agua y vida para refrescarte.
Entre reflejos y espejismos, seguíamos avanzando sin tregua aunque con encanto.
Por fin, llegamos al último pueblo, el de la resurrección y de la milagrosa fuente que nos dio alas para el camino de vuelta… salvo a Javi que se quedó de repente sin piernas como el Rambo de la película.
Se hicieron fotos de las flores, saludamos a las nubes y emprendimos el camino de vuelta. ¡Si, señor Javi, son de nuevo 8 pueblos por cruzar, todos con sus respectivos campanarios y santurrones!




























































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