martes, 23 de octubre de 2018

Día de la gamba, Sollana, el Palmar, Tancat de Sacares y de Mília, agosto de 2018.

¿Qué me decís? Dieta mediterránea, suc y resuc, gambas y guindillas. ¡Fiesta fiesta en la terraza del verano! Todo casero y hecho con cariño. Mejor, no hay.




Después del siestorón de la marmota, un paseo digestivo, en bici y medio acuático, pasando por el Tancat de Sacares, dando una vuelta por El Palmar para acabar en el mirador del Tancat de Mília situado más allá del Portet de Sollana.











No hay nada mejor que disfrutar del anochecer con mi niña flor, animal volador de las alturas acuáticas y más bella que un campo de hermosura campestre.




miércoles, 17 de octubre de 2018

Palacio Nacional de Mafra, Ericeira y Azenhas do Mar, Portugal, agosto de 2018.

Para recuperarnos de los intensos días anteriores, decidimos irnos hasta Mafra para visitar tranquilamente el Palacio Nacional de dicha ciudad, un museo bastante común pero con unos frescos y trampantojos realmente muy bien conseguidos, sin olvidarnos del peculiar salón de caza de un estilo naturalista al limite del mejor surrealismo.








La parte más impresionante del palacio es sin duda su impresionante biblioteca. Es una pena que sólo se la pueda ver desde su entrada principal. No obstante, los miles de libros durmiendo en sus infinitas estanterías son un tesoro incalculable para la memoria y la imaginación.






Después, nos fuimos a comer en Ericeira, un antiguo pueblo de pescadores donde nos pusimos como gambas mientras una espesa niebla se apoderaba en silencio de toda la costa portuguesa, bajo la mirada perpleja de las gaviotas que esperaban desesperadamente la salida del sol.









Para acabar a lo grande y despedirnos de la costa portuguesa y de nuestras vacaciones, volvimos una última vez a Azenhas do Mar para empaparnos de sus impresionantes vistas hasta el infinito, disfrutando del océano, del amor y del suave rumor de una trompeta de mar.











martes, 9 de octubre de 2018

Quinta da Regaleira, Sintra, Portugal, agosto de 2018.

Después de los Capuchos, nos fuimos hasta los jardines de la Quinta da Regaleira, en Sintra. Lo primero que hay que saber, es que aparcar puede resultar muy complicado, paciencia, ingenio y suerte son los principales requisitos para conseguir franquear las puertas de aquel paraíso.

Lo primero que impacta una vez en el interior del recinto es la compleja red de senderos que se pierden en medio de unos bosques y jardines sabiamente orquestados para crear una magistral sinfonía, una increíble fusión entre la naturaleza y los palacios secretamente escondidos.



Los jardines no parecen tener fin. Vuelves donde no pensabas llegar y llegas donde menos te lo esperabas.





El palacio es abrumador por la complejidad de sus elementos arquitectónicos barrocos, donde la piedra imita en un sin fin de espejismo a una naturaleza exuberante.















Después, lo mejor es perderse en el parque, descubrir sus grutas, sus laberintos, flechas, lagos, zigurats, pozos, logias y ninfas.











Lo que no hay que perderse es el famoso Pozo de Iniciación, que mi niña mariposa subió y bajó en un incesante vaivén de aleteos mágicos.




Las grutas no tienen desperdicio. Te llevan a sitios inesperados, creando contrastes entre la luz del sol y las sombras de las profundidades de la tierra.





Mi bella cruzó puentes, lagos, custodiada por fieles mástiles que le obedecían al pie de la letra, igual que su Chuxín parlanchín, fotógrafo y ladrador ya que, después de tantas aventuras, el hambre apremiaba los estómagos vacíos.








Es mi niña flor, como siempre, que encontró el mejor y más escondido restaurante de Sintra, una joya entre las joyas. Se rezó a las gamba antes de zampárnoslas con placer, deleite y algo de compasión marítima.




Al final del día, volvimos a Azenhas do Mar para disfrutar de una puesta del sol y despedirnos de un duro día, disfrutando del horizonte y de su infinita sabiduría.