martes, 2 de octubre de 2018

Conventos dos Capuchos, Portugal, agosto de 2018.

El día se había despertado fresco y brumoso, así que antes de irnos directamente a Sintra, decidimos desviarnos de nuestro camino y hacer una excursión hacia el Convento dos Capuchos, escondido en medio de un inmenso bosque situado en la falda de la pequeña  cadena montañosa que domina el parque natural de Sintra-Cascai.




Una vez llegados a las alturas, una espesa niebla nos invitó a seguir nuestro camino con prudencia. Allí, los fantasmas de otra era aguardaban con sigilo a los peregrinos perdidos.






La llegada al convento es muy curiosa. No hay rastro del edificio. Sólo una cruz nos invitó a seguir nuestro camino hacia adelante.






Seguimos unos de los muchos senderos ofrecidos. El que elegimos bajaba hacia las profundidades, custodiado por enormes rocas, guardianes del silencioso paraje.



Una vez bajo tierra, es otro mundo el que se nos ofrece, él de la contemplación y del misticismo.




¿Qué mejor lugar para defecar que el silencio de las profundidades?





Una vez fuera, la naturaleza retomó su poder mágico. Seguimos caminando dejando atrás los vetustos vestigios del monasterio y de sus santos olvidados.




Cogimos una senda que subía hacia los cielos. Parecía prometedor de numerosos escondites maravillosos donde se observaba una belleza plagada de nuevos misterios.








Una vez llegados a la explanada de los milagros, el silencio nos invitó a seguir hacia lo más hondo del bosque.




Allí las piedras nos contaron innumerables historias olvidadas… historias de piedras, de rocas y, a veces, de monolitos.







Seguimos caminando más allá, donde las rocas se elevaban hacia el cielo.






La niebla volvió, sumergiéndonos hasta hacernos perder el camino.




Pero conseguimos escapar de sus enredadas trampas, bajando hacia otra parte, otro mundo.




Llegamos al círculo de los pensadores, donde la vida, la muerte y el infinito hacían uno en la indivisible eternidad.



Bebimos de la fuente de la abundancia y nos despedimos de los misteriosos Capuchos que guardaron sus secretos más preciados para otra visita.




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