martes, 2 de agosto de 2022

Le lac d’Estaing, final de nuestras peregrinaciones por Gavarnie, junio de 2022.

Para nuestra última ruta por el Pays Toy, decidimos irnos hasta el pequeño pueblo de Estaing y de seguir a pie hasta uno de los lagos más bonitos de la región.


El principio del camino discurre siguiendo la orilla del río, Le gave D’Estaing, al abrigo de los grandes árboles. De echo, cierto tramos se realizan por debajo de impresionantes túneles vegetales, un verdadero placer para todos los sentidos.







Siempre delante, mi niña caminadora emprendía el camino con un ritmo endiablado, aunque el calor empezaba a hacer notar su sofocante presencia, sobre todo por las partes a descubierto, unas de las cuales por carretera, lo que le quito mucho prestigio a la caminata.





Después de un largo tramo por carretera, conseguimos volver a caminar en medio del bosque, pero el calor ya había hecho estropicios en la filas, y mi sirenita de aguas frescas esperaba ya con ganas la llegada final al lago. Ni siquiera quiso probar las fresas salvajes ofrecidas durante gran parte del recorrido.







Caminamos bajo la protección del gran bosque hasta “Las Carreres”, después, todo el resto del camino se hizo por carretera, lo que acabó con gran parte de nuestro animo.





Llegamos exhaustos hasta L’Auberge du lac, con mi niña refunfuñando como un “Petit volcan”. Nos tomamos unos merecidos “Perrier Menthe” que nos devolvieron parcialmente a la vida. Bien asentados, decidimos quedarnos y pedimos el menu de las especialidades del terreno. Evidentemente, el señor Chuxo acabo a lo grande, con un mega postre, probando el digestivo casero del bisabuelo de la “Tenancière”, un mata mosca infernal que volvió loco al dichoso canino.



Después, dimos la vuelta al lago como pudimos. Os lo decimos de viva voz: ¡hay que ir al lago! Lo cierto es que el reflejo de sus aguas es como una puerta abierta hasta otro mundo, una contemplación fugaz de unas maravillas silenciosas. 









Por desgracia, el tiempo empezó a oscurecerse, el aire volviéndose amenazador. De echo, seguimos los consejos de un viejo pino, ermitaño solitario del gran valle, que nos predijo cuidado durante el retorno. Seguimos sus recomendaciones y volvimos hasta Estaing en coche gracias a la amabilidad de unos turistas piadosos.




Para celebrar nuestro último día, nos fuimos ladrando de alegría hasta Terminus, nuestro bar de predilección, a disfrutar de la vida y olvidarnos de nuestras penas del día.




¡Viva los chuxines, grandes caminantes de la vida! ¡Viva, viva!