lunes, 31 de enero de 2022

Miss niña flor, entre cielo y playa, Erromardie, septiembre de 2021.

Un rayo de luz ilumina las playas de fina arena, astro de los cielos, mi niña resplandece incluso después de la puesta de sol.


Tras mi bella flor de verano la naturaleza se despierta fresca y sensual.


Es todo un espectáculo tenerte a mi lado… y si soy océano eres mi horizonte.











sábado, 22 de enero de 2022

Homenaje a Erromardie, escondite de nuestro nido secreto de verano, septiembre de 2021.

No hay duda alguna, somos fieles a nuestra Mobile-Home del Camping de la ferme de Erromardie, a un paso de Saint-Jean-de-Luz. La playa es magnífica, no muy concurrida y las mareas bajas nos proporcionan pequeñas lagunas ideales para bucear como animales acuáticos.







A veces, antes de que se despida el sol, disfrutamos del anochecer en el Bar du Mata, un rincón paradisiaco más que recomendable.



Si hacemos una pequeña escapada hasta Saint-Jean-de-Luz, siempre vamos a pie disfrutando de una parte del Sendero del litoral que ya conocemos de sobra. Es un poco como una peregrinación, un paseo obligatorio y más que saludable para cuerpo y alma.









No nos podemos olvidar de las magníficas puestas del sol, impresionantes desde la playa.




Si hace buen tiempo, el camino hasta los tres diques de Saint-Jean-de-Luz ilumina nuestro corazón… aunque hayamos disfrutado de esta pequeña escapada miles de veces.






¿Hay algo mejor que una copa de vino blanco y unas ostras en La Guinguette de Erromardie?



Cerca del camping, hay una maravillosa playa escondida donde se puede soñar al mirar el sol desaparecer tras el horizonte. ¿El top del top? Volver en medio de la oscuridad hasta nuestro Nido secreto.






Observar a los surfistas es todo un espectáculo, aunque el Señor Chuxo aún no se haya atrevido a disfrutar de las olas.




Otro ritual nuestro, despedirnos del día con un Perrier Mente, nuestro brebaje milagroso del verano.



Ya se acercaban el final de nuestra larga estancia, así que nos fuimos de compra al mercadillo de Saint-Jean-de-Luz con la firme intención de deleitarnos con una comilona del mar que disfrutamos como mariscos glotones. Eso sí, siempre comemos al abrigo del sol y de los crustaceos en nuestra inmensa terraza.









Es en el paseo que conocimos al amigo Tinoué, gran aventurero de las palabras.


También nos hicimos amigos de unos cuantos chuchines además de todos los mariscos del litoral.



En cuanto a mi Sirenita, solía rezar a los Dioses de alta mar para favorecer el temporal de los días siguientes.









Para nuestra última noche, despedida obligatoria en El Mata, gozando de la vida como es debido.




El día de nuestra partida, las nubes lloraban de tristeza. Pero amigos míos, sólo es un hasta luego ya que volveremos el año que viene.