Alfondeguilla, una aventura en el reino de los senderos perdidos.
El día prometía ser caluroso, repleto de sombras por descubrir a lo largo de un tortuoso camino apenas señalado. Con mi princesa a mi lado, intentemos encontrar el castillo de los sueños del monte del águila. Meta ardua no exenta de peligros.
Contrariamente a lo que habíamos pensado en un primer momento, cruzar las puertas del palacio no fue lo más complicado. A veces, sobran los dragones o los monstruos malvados para vedar el paso de los reinos prohibidos, sólo hace falta confundir al viajero intrépido para conseguir que no vuelva a encontrar su camino de retorno.
Nada más simple, pero nada más peligroso.
El día prometía ser caluroso, repleto de sombras por descubrir a lo largo de un tortuoso camino apenas señalado. Con mi princesa a mi lado, intentemos encontrar el castillo de los sueños del monte del águila. Meta ardua no exenta de peligros.
Contrariamente a lo que habíamos pensado en un primer momento, cruzar las puertas del palacio no fue lo más complicado. A veces, sobran los dragones o los monstruos malvados para vedar el paso de los reinos prohibidos, sólo hace falta confundir al viajero intrépido para conseguir que no vuelva a encontrar su camino de retorno.
Nada más simple, pero nada más peligroso.
Aquí nos espera mi platillo volante, preparado para llevarnos ileso hacia el dulce hogar soñado, el verdadero y único paraíso.-----
Esta niña se ríe. Camina y se ríe. ¡Ay, mi niña! Como te quiero.























































