Sierra de Espadan, un viaje mágico por el barranco de las aguas negras.
Nuevo bosque, nueva magia. Entre sol y sombra, mi dulcinea viaja entre los latidos de mi corazón, dando sentido a un río de color púrpura siempre salvaje. Oscuras son sus aguas, pero bellos sus reflejos. En ellos se renace inmaculado por su fuego sagrado, limpio de todo pecado.
Detrás de cada árbol se esconde el secreto de la vida.
Mmmm... Que agradable es el calor del sol cuando la tranquilidad se deja disfrutar.
¡Ven! ¡Veeeen! Dale caña, mi niña!, dice el Coco que se ha vuelto más real que un pavo.
Aunque muy jugadora, no hay que titilear a mi princesa prometida.
Además, ya se va volando.
¡Vaya con la niña! ¡Ya la he perdido!
Pero me ha dejado su hermoso reflejo a modo de regalo.
Con algo de esperanza he vuelto a encontrar sus huellas.
¡La he visto! ¡La he visto! ¡Es mi reina!
¡Qué no! ¡Qué sólo es un lagarto!
¡Mírala! ¡Mirala! Ha vuelto más bella que nunca.
La sigo, como una roca su sombra.
El riachuelo risueña.
Las flores bailan.
Una piña.
Una niña.
¡Vaaaale! ¡Ya voy, ya voy!
Pfff... El sol no parece quedarse quieto...
Está muy alto en el cielo de mis nubes.
Otro guardián para indicarme el camino hasta la felicidad.
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