martes, 27 de septiembre de 2011

Bergerac y la Roque Saint-Christophe, agosto 2010

Bergerac, la Roque Saint-Christophe, tesoros de belleza al natural.

A nuestra llegada en la ciudad de Bergerac, feudo del famoso Cyrano, el  día era muy nublado. Incluso nos sorprendió una tormenta de lluvia que nos dejo con el alma en pena. Pero una ráfaga de pura suerte empujo las oscuras nubes hacia lugares lejanos, dejándonos pasear entre sol y sombra por calles estrechas y silenciosas.








En un pequeño pueblo olvidado, con tres casas, cuatro perros y un gato, intenté hacerme de panadero de pueblo. Ni tan siquiera engañé a mi princesa que aún espera su pan de especias.



Bien distinto fue nuestra escapada en la Roque Saint-Christophe, un lugar privilegiado, escondido entre los recodos del río Dordogne, donde la densa vegetación esconde sus bellezas de roca y piedra. Uno de los más grande y más antiguo paraje rupestre del mundo...





Con el tiempo, el rústico pueblo troglodita se transformó en una imponente ciudad medieval dominando el vasto valle, un punto estratégico natural y inexpugnable.





Antes de volver a casa, nos perdimos en sus bosques a la búsqueda de tesoros escondido. No vimos nada más que un rico musgo que se había apoderado de todo el suelo y donde mi bella pudo descansar un rato antes de nuestro regreso.