Llegamos a Calaceite al final de la tarde, disfrutando de un fin de tarde muy agradable… lo ideal para descubrir la sencilla belleza de este pequeño pueblo de la comarca de Matarraña.
Mi niña exploradora revoloteaba de un lado para otro, charlando con un vecino barrendero, un gato cojo, una gaviota perdida y una pared agujereada.
En cuanto al Chuxo fotógrafo, no dejo ni un rincón a salvo de su aguda mirada, dejando constancia de los tesoros ofrecidos por los contrastes de luces y sombras.
Llegada la noche, nos fuimos a cenar a la Fonda Alcalá, un restaurante de cocina tradicional más que recomendable.
Antes del final de nuestra estancia, seguimos nuestra visita subiendo hasta el antiguo pueblo Ibérico cuyas ruinas predominan gran parte de la comarca.
Llegamos hasta la ermita de San Cristobal donde el Chuxo equilibrista hizo una cuantas fotos bajo la supervisión de su Dama de las Flores, especialista en columpios mágicos y maestra de las panorámicas infinitas.
A lo lejos, el parque natural Dels Ports, misterioso e insondable, que perturbó el espíritu libre del Chuxo totalmente subyugado por esas lejanas y bellísimas montañas.



























































