¡Vaya caminantes! Con un guía de cuatro patas, dos Carmenes... y con bochorno de plato principal, el día no podía empezar mejor. Las ganas de compartir aventuras con amigos dieron a esta pequeña aventura aquel toque especial que transforma lo cotidiano en extraordinario.
La verdad es que esta ruta es muy sencilla, imposible perderse ya que el sendero, muy transitado, discurre en medio de un bosque empinado en el flanco de la montaña. Si no haces el pingüino, dicho sendero te lleva directamente hasta el tronco, la cueva y el punto de vista panorámico donde se puede disfrutar de una vista impresionante hasta el mar.
Esos si, aquel día, el sol era estremecedor, las rocas calientes y los caminantes sedientos.






























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