martes, 4 de julio de 2017

Pals la bella, marzo de 2017.

Era casi de noche cuando llegamos a Pals, otro de los pueblos medievales que nos habían aconsejado visitar. La plaza fuerte está bastante alejada de la ciudad, y hay que arriesgarse a cruzar huertos y calles deshabitadas para llegar hasta el casco antiguo.



De echo, se realizaron decenas de tomas para conseguir estas divertidas panorámicas verticales, realmente complicadas de realizar. Menos mal que mi niña flor es una experta y que el señor Chuxo, animal de pelo corto, tiene una paciencia infinita (Ejem).





El casco antiguo es muy pequeño, sobre todo a estas tardías horas del día donde la oscuridad se está apoderando poco a poco de la luz y del espacio.

Eso sí, no nos cruzamos con absolutamente nadie, como si el tiempo se hubiera parado para ofrecernos esta visita única y misteriosa.

El antiguo pueblo en si es un conjunto historico muy antiguo formado por el castillo, la villa y las murallas… y poco más. Aún así, una visita de noche proporciona al visitante curiosos un “resplandor” sorprendente.












Nos fuimos casi a oscuras ya que las farolas públicas se encendieron mucho después de la llegada de la noche. Es en esta media oscuridad que nuestros pasos parecían perseguirnos, obligándonos poco a poco a retroceder en su búsqueda.

No nos perdimos, ni siquiera mi dulce mariposa que revoloteaba sin parar, haciendo fotos en “claros obscuros”.






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