Este mini reportaje da cuenta de los tres días de nuestra estancia en este bellísimo hotel de estilo colonial, navegando por las calles del pueblo, bajando a las playas de Aiguablava , o bien subiendo a lo alto del antiguo fuerte para saludar al cielo y al general.
Aguas transparentes, tintadas de hierro o bien de zafiro, copas encantadas, cena iluminada por velas… sin olvidar el famoso baile del Chuxín saltador. El conjunto fue un sueño despierto y compartido, bello y luminoso.
Así que hoy, es con mucho, mucho, muchísimo amor que nos despedimos.





















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