lunes, 29 de julio de 2024

Un paseo por el Lac de Campauleil, Ariège, junio de 2024.

Nos fuimos hasta Ax les Thermes y aparcamos el coche justo al lado del río que cruza el pueblo. Las aguas llevaban un caudal de los mil cojones, lo que nos sorprendió bastante. Cruzamos a buen paso la zona urbana pasando por varios puentes y subimos directo hasta el séptimo cielo donde nos esperaban la Virgen y unos cuantos de sus guardaespalda.






No fue fácil salir del pueblo ya que la ruta no estaba especialmente bien indicada, pero con el señor chuxo, rastreador como no los hay, emprendimos un leve paseo que nos llevó rápidamente hasta el lago de Campauleil, meta de nuestra pequeña excursión.





Rodeamos dicho lago por un camino forestal muy frondoso hasta llegar a una zona de campos floridos que nos llevó hasta el pequeño pueblo de Orgeis










Volvimos por la otra orilla siguiendo el río y subimos por un pequeño sendero situado a la salida del pueblo y custodiado por Biquette, animal de compañía de los buenos.




Subimos a buen paso hasta llegar al corazón del gran bosque donde paramos para darnos un dulce beso de amor refrescante. Pasamos por las inmediaciones del Belvédère, otro pequeño pueblo escondido en medio de los grandes árboles y bajamos tranquilamente hasta nuestro punto de partida.





No fue una gran caminata, pero las montañas circundantes eran impresionantes y las vistas del lago muy bucólicas. ¡Pronto más aventuras pedestres de los chuxines, animales parlanchines!

lunes, 22 de julio de 2024

Coll del Port, Ariège, junio de 2024.

Mi niña mariposa, capitana de las rutas, había encontrado una nueva caminata para hacer, algo más leve que la del día anterior, el famoso Étang Bleu. Pero la carretera se volvió cada vez más sinuosa y estrecha y nos paramos en medio de la nada en un lugar llamado el Coll del Port. Había una especie de bar restaurante pero estaba cerrado. Vimos unas rutas que iban más allá de las grandes colinas y nos fuimos un poco al azar, disfrutando de la buena fortuna, aliada de los Chuxines caminantes.


Como siempre en Ariège, las rutas empiezan subiendo sin piedad ninguna. Mi niña empezó a quejarse, y aunque seguía refunfuñando subía a buen ritmo, siempre delante del señor Chuxo, rastreador impenitente.




Menos más que llegamos rápidamente a un altiplano. Por lo menos, no parecía que íbamos a subir mucho más, lo que tranquilizó un poco a mi niña flor.


Después de hacer un leve descanso cerca de una antigua casa forestal, seguimos nuestro camino hasta un lejano y desconocido bosque que parecía cubrir el resto del monte.




Enseguida entramos por la puerta del gran bosque que nos recibió con frescor y encanto. Mi niña trepadora volvió a sonreír al ver que aquella fortuita ruta no iba a ser de las  muy complicadas.





¡Cuánto frescor y cuánto verde! La verdad disfrutamos de una magnífica ruta forestal lejos del mundo, saludando a los grandes árboles y a unos cuantos riachuelos furtivos.








A lo lejos, un majestuoso pico nos saludó desde la distancia. Enseguida su cima desapareció debajo de las nubes y decidimos dar marcha atrás, volviendo tranquilamente sobre nuestros pasos.





Volvimos a cruzar la vía romana que, vista desde el camino de vuelta, fue toda una sorpresa para la vista aunque tuvimos mucho cuidado de no resbalarnos, el agua afloraba a flor de tierra.




Salimos del bosque por donde entramos para seguir nuestro camino por el altiplano, la casa forestal y los grandes campos de flores.







¡Pronto más aventuras animalescas!