Nos fuimos hasta Ax les Thermes y aparcamos el coche justo al lado del río que cruza el pueblo. Las aguas llevaban un caudal de los mil cojones, lo que nos sorprendió bastante. Cruzamos a buen paso la zona urbana pasando por varios puentes y subimos directo hasta el séptimo cielo donde nos esperaban la Virgen y unos cuantos de sus guardaespalda.
No fue fácil salir del pueblo ya que la ruta no estaba especialmente bien indicada, pero con el señor chuxo, rastreador como no los hay, emprendimos un leve paseo que nos llevó rápidamente hasta el lago de Campauleil, meta de nuestra pequeña excursión.
Rodeamos dicho lago por un camino forestal muy frondoso hasta llegar a una zona de campos floridos que nos llevó hasta el pequeño pueblo de Orgeis.
Volvimos por la otra orilla siguiendo el río y subimos por un pequeño sendero situado a la salida del pueblo y custodiado por Biquette, animal de compañía de los buenos.
Subimos a buen paso hasta llegar al corazón del gran bosque donde paramos para darnos un dulce beso de amor refrescante. Pasamos por las inmediaciones del Belvédère, otro pequeño pueblo escondido en medio de los grandes árboles y bajamos tranquilamente hasta nuestro punto de partida.
No fue una gran caminata, pero las montañas circundantes eran impresionantes y las vistas del lago muy bucólicas. ¡Pronto más aventuras pedestres de los chuxines, animales parlanchines!
























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