martes, 16 de julio de 2024

L'étang Bleu, Ariège, junio de 2024.

Primera gran meta de los Chuxines en Ariège: llegar hasta l’Étang Bleu, en el más allá del mundo conocido, una caminata ardua y muy larga nos esperaba para completar esta ruta circular rica en emociones diversas.


Para empezar, se sube sin descanso hasta llegar a l’Étang Bleu, hablamos de 900 metros de desnivel de una tirada. Lo cierto es que el principio de la ruta no es complicado, se cruza el fantástico bosque Du Cirier, con sus riachuelos salvajes que nos hicieron compañía durante un buen trecho.
















Después se sigue subiendo a la sombra de los grandes árboles, un paraíso verde muy tranquilo que nos llevó hasta la guarida de la bestia del gran bosque. Evidentemente, no la vimos, pero le dejamos nuestros recuerdos, por si acaso.







Después seguimos subiendo, pero a lo bestia y sin piedad ninguna. Mi chuxinita no estaba en gran forma aquel día y le costó lo suyo seguir a buen ritmo, pero como es una campeona, nada fue capaz de detenerla. En lo alto nos saludaban los lejanos picos donde se escondía el misterioso Étang Bleu.








Por fin, llegamos al pequeño circo que alberga el famoso lago azulado, menos mal porque mi niña mariposa revoloteaba sin ton ni son.





La llegada a l’Étang Bleu es francamente espectacular. Aún había nieve y un pescador para darnos la bienvenida. En cuanto a la vista, las fotos hablan por si solas.








Bajamos por el circo de Embans, y aunque no habían payasos sí que el circo de la bajada estaba. Raramente hemos emprendido un descenso tan peligroso ya que el deshielo lo empapaba todo y el agua bajaba por todas partes mucho más rápido que nosotros.













Pero lo conseguimos, con unos cuantos sustos, hay que recalcarlo. Pero la vista desde abajo valió la pena, aunque nos hubiéramos ahorrado sin problemas los malos rollos de la bajada.



Retomamos el camino por el inmenso bosque Du Cirier, con un sendero bastante empinado que desaparecía bajos las aguas que se habían apoderado del terreno.




Hay que bajar… ¿pero dónde cojones está el sendero?. Menos mal que el señor Chuxo es un rastreador de primera y llevó a su bella a buen puerto (pero sin los barcos aunque agua había de sobra).







Hubo un momento en que se bajaba a lo bruto. Eso sí, la belleza del gran bosque en todo su esplendor fue un alivio para la vista, pero no para las rodillas.





Volvimos hasta las praderas donde montones de animales amigos nos esperaban con el entusiasmos que les correspondía. Además los Chuxines son amigos de los animales, salvo los que muerden.




Por fin, volvimos a nuestro punto de partida. A lo lejos, aún se podía ver el circo de Embans y sus largas cascadas de agua.


¡Cuántas aventuras por los grandes bosques con los Chuxines caminadores! 


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