Nos habíamos pasado parte de la mañana y de la tarde visitando un poco la región, pero en comparación con los pueblos del Périgord o bien del Midi-Pyrénées que nos habían encantado, estuvimos un poco decepcionados a este nivel. Así que una vez de vuelta en el Camping des grottes, cogimos las mochilas y nos fuimos a dar una vuelta por un sendero que iba hasta Génat, un pequeño pueblo situado en las alturas, una caminata de entrene para lo que nos esperaba el día siguiente.
Empezamos a caminar con muchas ganas, y aunque mi niña flor no estaba en gran forma, disfrutamos del imponente frescor de los grandes bosques que nos rodeaban, todo un espectáculo para la vista y el olfato.
Después de una buena hora de subida, vimos el campanario de Génat que salía de entre las altas cimas de los árboles del bosque. El tiempo seguía muy nublado pero sin riesgo de tormenta.
Llegamos a Génat a la hora del aperitivo, pero como no había ni la sombra de un bar, saludamos a los fieros soldados que lo dieron todo por la patria y volvimos a emprender el camino de vuelta que era todo bajada.
Nos encantó la bajada de vuelta, todo verde y fresco, cruzando praderas de helechos, con impresionantes vistas sobre los inmensos bosques y de los altos montes cubiertos por las nubes.
El señor Chuxo hizo unas fotografías de un castillo perdido entre los montes, con la secreta meta de ir a visitarlo durante el resto de la estancia… cosa que no se hizo por falta de tiempo y de entusiasmo canino.
¡Verde, que te quiero ver verde! Al final, disfrutamos de una tranquila vuelta que nos dio unas primeras impresiones de lo que nos iba a esperar los días siguientes.
¡Pronto más aventura de los Chuxine!





























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