martes, 13 de diciembre de 2011

El Cavall Bernat, febrero 2011

El Cavall Bernat, una dura y lenta ascensión hasta rozar las nubes.

No es que dicha cumbre sea muy alta y escarpada, para subir se sube sin mayor complicación. Una vez allí arriba, la vista vale su peso en oro. Cargado de este preciado tesoro, es a la vuelta que la bajada se vuelve muy dura.

Volvimos a casa remolidos pero contentos de haber compartido este gran momento de silencio casi puro.



Los caminos del valle nos sonríen. Por ellos hemos pasados y por ellos volveremos a bajar. A mitad camino de nuestra meta, los precipicios pueden dar un poco de vértigo. Pero como es mi dulcinea que se encargaba de hacer estás preciosas fotos, estaba a salvo protegido por su amor y cariño.





A lo lejos se perfila el Cavall de Bernat, nuestra meta del día. Pero antes, un poco de descanso acompañado de un buen almuerzo que no viene nada mal para los pies cansado de los peregrinos.



Por fin llegamos. Mucho viento para quedarnos y disfrutar de un largo y placentero momento de descanso. Pero besar a mi princesa en el más alto de los altares ha valido la aventura... con sus caídas incluidas. 



miércoles, 9 de noviembre de 2011

Dardenac, diciembre 2010


Un paseo en solitario en Dardenac, el pueblo de mi infancia.

Como cada año, vuelvo hacía el frío invierno de mis tierras. Las navidades se hacen alrededor de la chimenea y los comensales son, curiosamente,  cada vez menos numerosos. Mis paseos se hacen por caminos muy conocidos… y aunque mis ojos se han acostumbrado al paisaje tantas veces visto, siempre me maravillo de lo simple de su belleza.






Entre viñas y bosques, unos ciervos se escapan de mi presencia. Ojala sean capaces de mantener vivo este rayo de sol que le da un poco de color al silencio que se ha apoderado del cielo.



Sin mi bella a mi lado, mis paseos se hacen cada vez más gelidos. Sin ella, el pequeño pueblo se ha quedado sin su princesa. Menos mal que, primavera de mis sonrisas, suele volver acompañada del sol y del calor.






Entre la tierra y el cielo está el espacio. Es un verdadero placer poder perderse entre sus  invisibles momentos de olvido.






La abuela ya no habla mucho, aunque todos sabemos que es un pozo de sabiduría, amor, cariño y mala hostia.


jueves, 20 de octubre de 2011

Marqueyssac, agosto 2010

Los jardines de Marqueyssac.

Nuestro bello recorrido en la Dordogne tenía que terminarse con un final digno de su belleza. Cerca de Castelnaud, en la alta colina que domina el río que da su nombre a la regíón, se encarama el castillo de Marqueyssac, muy famoso por la belleza de sus jardines que realzan el misterio de su gran parque botánico.

Desde allí arriba, la vista es increíble… y en lo más profundo del gran parque, muchas sorpresas esperan al peregrino curioso.











Evidentemente, el elemento central de la visita es el gran jardín, donde uno puede perder hasta la cordura. Entre sus arbustos artísticamente tallados se encuentra el saber secreto de varias generaciones de maestros en jardinería.











A lo lejos, una cabaña solitaria ofrece un refugio a la inmensidad de los campos que se pierden hasta la orilla de los profundos bosques.



Es en el pabellón de la naturaleza que se encuentra la pieza maestra de nuestra visita. Que sean de pluma o bien de pelo raso, los más sigilosos no son siempre los más astutos.






La mesa está servida, sólo faltan los comensales. ¡Qué aproveche y hasta muy pronto, peregrinos!