La Creu del cardenal, una aventura en lo alto de la cordillera.
Paseo entre dos mundos, esta vez los caminos nos llevaron muy alto. Desde la altura de las nubes, se contempla el mundo con una mirada muy diferente. Allí arriba, el aire siempre está fresco, ofreciendo su pureza como regalo a los recién llegados.
Dulzura y amor fueron sus otros secretos escondidos.
Paseo entre dos mundos, esta vez los caminos nos llevaron muy alto. Desde la altura de las nubes, se contempla el mundo con una mirada muy diferente. Allí arriba, el aire siempre está fresco, ofreciendo su pureza como regalo a los recién llegados.
Dulzura y amor fueron sus otros secretos escondidos.
El camino nos espera, solitario y silencioso. ¿Pero dónde está mi amada?
Ahí está mi niña loba, escondida en su cueva de flores, preparada para morder la vida a bocanadas de cariño.
Ya se va, rápida como el vuelo ensordecedor de una mariposa salvaje.
Es bella y conoce el camino de mis senderos.
Las nubes le cuentan sus secretos que se quedan grabados en lo profundo de sus ojos.
¡Venga, dale caña a estas piernas tuyas!, dice mi dulcinea guerrera.
¡Ups! Ahora se me escapa como una lagartita montés.
Esta niña no tiene miedo de nada, no hay nada capaz de detenerla.
Pero es buena y siempre me espera.
Ya estamos muy alto en este infranqueable laberinto verde que no parece tener final ninguno.
¡Mira, mira! ¡Mi bella mariposa encantadora!
Está niña sigue subiendo sin miedo. ¡Que fuerte es mi dulcinea!
Y que sonrisa más encantadora. La seguiría hasta el final de los mundos.
Pero me deja sin aliento, y siempre se me escapa cuando pienso tenerla a mi lado.
¡Qué no! ¡Que me quiere y me da besos desde lo alto!
¡Vaya cruz! Parece cada vez más inalcanzable.
El camino se vuelve realmente muy rudo.
El paisaje es cada vez más arduo.
El sendero siempre más empinado.
Pero la belleza es el regalo de cada momento.
Y cada instante es mi regalo ofrecido.
¡Ya la tenemos a nuestro alcance!
Llegamos, llegamos en lo alto de la cumbre del mundo.
Hay flores como tesoro...
Y una princesa de los cielos esperándome con cariño.
El silencio es apacible.
El esfuerzo me lleva hasta las nubes.
Por fin llegamos en el mundo de la brisa fresca.
Allí me espera mi dulcinea del castillo alto.
Con un beso y su amor compartido.




























