martes, 23 de marzo de 2010

Bugarra, marzo 2010

Bugarra, días de sol y lluvia, del sábado 13 hasta el domingo 21 de marzo.

Eran días de silencio y reflexiones, muy lejos de los festejos incandescentes de la ciudad y del tumulto de la vida. Es cierto que muchas idas y vueltas fueron necesarias antes de encontrar la paz prometida a lo largo del camino, pero al pasear entre nubes siempre se encuentra contemplación.


Un viento seco se ha levantado, precursor encantador de la próxima llegada de la primavera.

El sendero siempre se ofrece, silencioso.

Bajo la marca del sol, la vida nace sin preocuparse mucho del día siguiente.

Hay puentes bajo las huellas...

Y agua para los caminantes merecedores de un poco de tranquilidad.

Los vigilantes siempre nos observen desde arriba....

Y el color de los bosques cuenta historias sin hojas ninguna.

Este oro no es ningún tesoro, sólo se trata de pura belleza.

El camino sigue más y más adelante...

Hasta pozos de alegría...

O bien engranajes desprovistos de eternidad.

El agua lleva hasta la fuente o el mar, según la dirección escogida.

En este caso, la simplicidad es nuestra aliada.

Es atento a antiguos señales de comunicación...

Que os saludo encadenado a mis pensamientos.

La sirena dice que es buena hora para soñar.

Así que soñamos.

El Malako tiene hambre y se come piedras.

Más allá, con la dulzura de un adiós, el viento nos presagia la promesa de próximas aventuras.

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Aquí está la bestia.