martes, 29 de abril de 2025

Pico de la Colaita, alto de los Cuchillos, Mar de flores y arañazos a tutiplén, Catadau, abril de 2025.

Queríamos hacer una caminata que no nos pillara demasiado lejos de casa, así que fuimos hacía Catadau para hacer una ruta que nos permitiera volver hasta nuestro Nido Alto sin demasiada demora.


Sabíamos que íbamos a trepar lo que no está escrito, que iba a hacer bastante sol y que las vistas iban a ser excepcionales… y lo cierto es que esta ruta no nos defraudó en ningún momento, lo tuvimos todo… y con creces.




La primera parte del track sigue por un largo camino forestal con inmensas panorámicas hacía los montes circundantes totalmente cubiertos por espinosos en flor, un espectáculo poco común por estás áridas tierras del Levante.




Es después de una larga caminata que las cosas empezaron a cambiar. Empezamos a seguir un sinuoso sendero que iba subiendo levemente bajo un sol que se hacía cada vez más persistente. Menos mal que la brisa que provenía del mar nos alivió durante toda la caminata.




Flores no nos faltó y nos acompañaron durante toda la caminata. En cuanto a mi niña de pétalos salvajes, inútil decir que se mimetizó enseguida con el paisaje.










Llegó un momento en el que el sendero, que seguía la ladera de la montaña, se estrechó tanto que empezamos a sufrir los primeros ataques de los espinosos en flor que se volvían cada vez más virulentos. Eso sí, ver los montes cubiertos de morado es un espectáculo estremecedor.







Evidentemente, lo que tenía que pasar pasó. El sendero acabó por desaparecer en medio de los matorrales y la subida hasta el Pico de la Colaita y el alto de los Cuchillos fue un verdadero calvario para nuestras patitas cubiertas de profundos  arañazos.








Por fin llegamos al Pico de la Colaita  cubiertos de rasguños, pero contentos por haber llegado a disfrutar de unas vistas tan poco comunes.





Admito que el camino de vuelta fue realmente muy impresionante. Había que cruzar bosques de espinos apenas esbozados por un sendero que menguaba a cada paso y en medio de un entorno bastante inhóspito y abrupto. En cuanto a los matorrales, acabaron con lo que quedaba de nuestras patitas heridas. 





Pese a estas dificultades imprevistas ademas de unos cuantos buenos resbalones, conseguimos a duras penas reubicarnos hasta llegar de nuevo al camino forestal del principio que nos llevó, por fin, hasta nuestro coche que nos esperaba a pleno sol y sin ningún tipo de remordimiento. Menos mal que unas cuantas mariposas estaban esperándonos para darnos la bienvenida a nuestro punto de inicio.






lunes, 14 de abril de 2025

Castillo de Enguera, Poblado Ibérico Lucena y récord chuxinezco del bueno, Valencia, abril de 2025.

Aparcamos a las afueras de Enguera, cerca de los campos de olivos que rodean gran parte del pueblo y donde pudimos disfrutar de una bonita vista del campanario de la iglesia, fiero faro vigilante de la buena conducta de las nubes y de los fieles.


El tiempo era clemente y rápidamente empezamos a subir por un precioso sendero que cruzaba un espléndido bosque de pinos.







No nos dimos cuenta enseguida, pero esta ruta iba a ser una de las más florida que hemos hecho por estas tierras. Subimos hasta las ruinas del viejo castillo de Enguera que nos iba a ofrecer las primeras panorámicas de esta larga y dura caminata.







A mi niña le gustó tanto la visita del castillo que no pudo resistir saltar de alegría como es su costumbre cuando las mariposas revolotean a su lado.






En cuanto a las vistas, abarcan toda la región y todos los pueblos vestidos de blanco en medio de los inmensos campos de naranjos y olivos que se pierden hasta las lejanas cumbres.









Bajamos de nuevo y cogimos un precioso sendero que nos llevó hasta la Casita del zorro avisor cuyas ventanas se abren sobre el paraíso.









Seguimos a buen ritmo por un sendero que atravesaba bosques de matorrales muy floridos que, poco a poco, nos llevó hasta el pueblo Ibérico Lucena que cruzamos sorprendidos por encontrar ruinas tan antiguas a pie de montaña.









Después seguimos caminando con mi bella niña flor despertando a todas sus compañeras del camino. El sendero se transformó en una suave explosión de colores que nos inundó de felicidad.














Pero no habíamos acabado con las sorpresas. El próximo bosque que atravesamos debía de estar encantado, hasta la luz parecía despertar a los antiguos entes de los bosques, silenciosos reflejos luminosos que transformaron el gran bosque en un palacio de belleza.






Pero la caminata estaba lejos de acabarse. Seguimos caminando por la misma ladera de la montaña sin descanso, atravesando nuevos bosques de pino muy frondosos hasta llegar a la parte más seca del recorrido.













La caminata nos llevó por un tímido sendero cruzando inmensos campos de matorrales secos que no nos facilitaron mucho la tarea, además el sol empezaba a pegar fuerte sin que pudiéramos refugiarnos de sus calurosos rayos.









Pero llegamos hasta la cumbre donde el señor Chuxo no pudo resistir escalar el punto geodésico para inmortalizar tantas horas caminando por los montes.



Menos mal que el resto de la caminata fue mucho más leve y a la sombra de un sol que al final había decidido esconderse tras las nubes que empezaron a cubrir gran parte del cielo.





A lo lejos volvimos a ver el viejo castillo de Enguera que parecía saludarnos desde las lejanías.




Volvimos exhaustos pero contentos hasta nuestro punto de partida, aplastando nuestro récord de desnivel acumulado: 1037 metros. ¡Viva los Chuxines, son unos campeones!




Después nos fuimos hasta Enguera buscando un restaurante para disfrutar del fin de la tarde a lo grande. Una señora acompañada por su perra Noa nos aconsejo el restaurante Los Arcos donde fuimos muy bien recibidos. Además la comida nos encantó con un trato a los clientes de cuatro estrellas.





Después del festín, nos perdimos por las callejuelas del pueblo descubriendo unos cuantos de sus tesoros. Nos hubiéramos quedado más tiempo pero estábamos realmente exhaustos y volvimos tranquilamente hasta nuestro Nido Alto como buenos Chuxines que somos.