Queríamos hacer una caminata que no nos pillara demasiado lejos de casa, así que fuimos hacía Catadau para hacer una ruta que nos permitiera volver hasta nuestro Nido Alto sin demasiada demora.
Sabíamos que íbamos a trepar lo que no está escrito, que iba a hacer bastante sol y que las vistas iban a ser excepcionales… y lo cierto es que esta ruta no nos defraudó en ningún momento, lo tuvimos todo… y con creces.
La primera parte del track sigue por un largo camino forestal con inmensas panorámicas hacía los montes circundantes totalmente cubiertos por espinosos en flor, un espectáculo poco común por estás áridas tierras del Levante.
Es después de una larga caminata que las cosas empezaron a cambiar. Empezamos a seguir un sinuoso sendero que iba subiendo levemente bajo un sol que se hacía cada vez más persistente. Menos mal que la brisa que provenía del mar nos alivió durante toda la caminata.
Flores no nos faltó y nos acompañaron durante toda la caminata. En cuanto a mi niña de pétalos salvajes, inútil decir que se mimetizó enseguida con el paisaje.
Llegó un momento en el que el sendero, que seguía la ladera de la montaña, se estrechó tanto que empezamos a sufrir los primeros ataques de los espinosos en flor que se volvían cada vez más virulentos. Eso sí, ver los montes cubiertos de morado es un espectáculo estremecedor.
Evidentemente, lo que tenía que pasar pasó. El sendero acabó por desaparecer en medio de los matorrales y la subida hasta el Pico de la Colaita y el alto de los Cuchillos fue un verdadero calvario para nuestras patitas cubiertas de profundos arañazos.
Por fin llegamos al Pico de la Colaita cubiertos de rasguños, pero contentos por haber llegado a disfrutar de unas vistas tan poco comunes.
Admito que el camino de vuelta fue realmente muy impresionante. Había que cruzar bosques de espinos apenas esbozados por un sendero que menguaba a cada paso y en medio de un entorno bastante inhóspito y abrupto. En cuanto a los matorrales, acabaron con lo que quedaba de nuestras patitas heridas.
Pese a estas dificultades imprevistas ademas de unos cuantos buenos resbalones, conseguimos a duras penas reubicarnos hasta llegar de nuevo al camino forestal del principio que nos llevó, por fin, hasta nuestro coche que nos esperaba a pleno sol y sin ningún tipo de remordimiento. Menos mal que unas cuantas mariposas estaban esperándonos para darnos la bienvenida a nuestro punto de inicio.









































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