martes, 26 de noviembre de 2024

Homenaje en el Itzaspe, Hondarribia, septiembre de 2024.

Esperamos hasta nuestro último día de vacaciones para acabar a lo grande en el Itzaspe, nuestro restaurante predilecto de Hondarribia donde solemos rendir homenaje al tiempo que pasa, al amor compartido, pero también a estas tierras del Norte que siempre nos han ofrecido lo mejor. Como siempre, nos habíamos preparado en cuerpo y alma para disfrutar de una larga jornada  cómodamente sentados delante de una mesa, un lugar privilegiado entre océano y montes.



¿El menú? Sencillo, suculento, humildemente y verdaderamente delicioso, con una botella de Txacoli para abrir el apetito y algo de Pacharan para cerrar una larga comilona que disfrutamos charlando de la vida, de las numerosas caminatas que habíamos realizado y de las muchas otras que nos quedan por hacer.











Como siempre, el paseo digestivo es obligatorio, y aunque conocemos aquella parte de la ciudad mejor que nuestros bolsillos, esta vez decidimos parar para comprar utensilios de cocina en la famosa ferretería de la Señora Rosario, una tienda repleta de antiquísimas herramientas totalmente en desuso pero con una carga emocional muy fuerte.








De vuelta al nido, saludamos una última vez la playa de Erromardie, dejando nuestra imaginación volar hasta el final del horizonte. Bella es nuestra historia, dulce nuestro amor.




lunes, 18 de noviembre de 2024

Caminata en solitario, de Erromardie hasta Saint-Jean-de-Luz, Pyrénées Atlantiques, septiembre de 2024

Este día mi niña caminadora estaba lisiada. Pobreta, imposible dar un paso adelante. Menos mal que la jornada había sido soleada y que pudimos disfrutar de un poco de playa. Como no nos quedaban muchos días de vacaciones, decidí emprender de nuevo una ruta que hemos realizado juntos una infinidad de veces, la que va de Erromardie hasta Saint-Jean-de-Luz, pasando por un pequeño tramo del Sentier du Litoral y con una parada obligatoria en la cruz de Archilua y su famoso mirador hacia el infinito.
















Al llegar a la colina de Sainte-Barbe, me quedé observando el pueblo de mi infancia. Decididamente, nada parece cambiar en Saint-Jean-de-Luz aunque el tiempo no pasa en balde, evidentemente. Como siempre, me paré en el pequeño faro situado en lo alto de la colina que da hacia los tres diques, Socoa, L’Arta, y Sainte-Barbe, que protegen la ciudad del rigor del océano.







Después, seguí caminando tranquilamente por el paseo marítimo pasando delante del Hotel du Golf, del Gran Hotel, del Casino de la Pérgola hasta llegar hasta la desembocadura de la Nivelle, el rio que separa Saint-Jean-de-Luz de Ciboure, custodiado por el gran faro blanco que señala la entrada del puerto pesquero.













Después, marcha atrás a buen ritmo hasta la gran playa de Erromardie, volviendo a nuestro Nido de verano donde me esperaba con amor y cariño la niña de mis sueños.