Desde nuestra partida de Valencia hasta nuestra llegada a Arraioz, nuestra primera etapa de nuestro viaje a Navarra, el cielo estuvo nublado con unos cuantos tramos con lluvia, pero llegamos ilesos a nuestro destino donde disfrutamos de una comida/merienda en el pequeño bar del pueblo donde no nos faltó de nada, chupito casero y Gin tónic metralleta incluidos… sin olvidarnos de las increíble galletas de pacharán de Sanfermines que disfrutamos hasta el final de nuestro mes de vacaciones.
Eran las fiestas del pueblo, así que tuvimos música tradicional vasca casi toda la noche, un lujo que no nos dejo pegar ojo. Pero la cama era grande y las sábanas suaves.
Al día siguiente llegamos a nuestro camping de Saint-Émilion, con sol y calor, pero nos llovió tooooooda la noche y casi todo el resto de la semana. No nos impidió darnos unas cuantas vueltas por los viñedos y hacer ejercicios al lado del estanque del camping bajo la mirada experta de un cangrejo de agua que estuvo alentando nuestros esfuerzos.
Evidentemente, nos fuimos a dar un paseo por Saint-Émilion donde nos cobraron nueve pavos por una copa de vino en la plaza del pueblo. ¡Nos han visto pero no nos volverán a ver, palabra de ladrador! Menos mal que en Libourne hay Pubs con mucha clase donde se puede disfrutar de buena música en un entorno con mucho glamour.
Vimos a la tía Christine, a los de la Vega y a Jakipi donde pasamos muy agradables días de buena comida y gratas charlas. Eso sí, nos llovió hasta el día de nuestra partida que nos ofreció sol además de un precioso arco iris prometedor.



















