Ese día, mi niña se había vuelto muy, pero que muy caminadora. Apenas llegado que ya había desaparecido entre los matorrales.
¿Dónde está, dónde está mi niña correcaminos? ¡No la veo que no la veo!
A veces aparecía para enseguida volver a desaparecer de nuevo. ¡Esa es mi niña, bella mariposa de mi vida!
Al llegar al algarrobo, estaba el algarrobo, la fuente, una roca, mi niña esperándome tumbada sobre la roca y… un pequeño belén rupestre. ¿Qué pedir más? ¿Una paella? ¡Hecho!, me contestó mi niña flor que emprendió el camino de vuelta revoloteando.







