Las nubes habían bajado del cielo, dejando el horizonte a la altura de la orilla. Aún así, el Chuxo explorador se fue corriendo, saltando de roca en roca, husmeando la pura esencia de sus recuerdos de infancia.
Es que las rocas, desde siempre, son bellas, igual que mi niña flor, reina de mis senderos silvestres.
El camí de cavalls no es especialmente complicado, pero tiene ocultas gratas sorpresas: allí unos arbustos habladores, allá una cava escondida, refugio de todo un ejercito de medusas extraterrestres.
El Chuxo encontró un nido de piedra, un puente angular y un islote de gaviotas contemplativas.
En cuanto a mi Sirenita, siempre a unos cuantos pasos delante, abría el camino de mi salvaje corazón.
Llegados a la cala de son Vell, conseguimos escapar de un regimiento de Panzer Grenadiers, despistándolos tras los matorrales, el escondite perfecto para mi mariposa de alitas multicolores.
Más allá, el mar, inmenso y deslumbrante, cuyas profundidades insondables aún esconden sus más preciados tesoros.
Encontramos una playa de algas secas y de curiosas bolitas, un tesoro más para el Chuxo, guardián de los recuerdos. De hecho, el buen animal aprovechó el momento para disfrutar de un verdadero baño de algas.
Después de unas cuantas horas de caminata, llegamos a nuestra meta del día, la cala Turqueta, un lugar maravilloso cuyas aguas traspasan el paraíso hasta las profundidades de las ensoñaciones.
Hicimos una larga pausa, conociendo a un habitante del lugar de lo más travieso.
Después, reemprendimos el camino de vuelta, acompañados por cabras salvajes y todo un ejercito de pájaros escurridizos cuyo canto nos proporcionó paz y sosiego.
Después de un inesperado encuentro con un curioso pterodáctilo sin plumas, encontramos un fortín mágico que consiguió desdoblar a mi niña flor, encanto de las praderas a la vez que reina de los montes.
Una vez de vuelta al hotel, descansamos en la piscina y burbujeamos en el Spa, con el chuxo nadador más que hablador.
Cenamos como reyes a la fresca en nuestra terraza privada, si señor. Después, subimosal salón del hotel para tomar un merecido cocktail de frutas que nos dejo con los párpados totalmente embebidos.



































































